por Servando Ramírez García
Cada vez que llegan los tiempos electorales y con ellos los nombres de los candidatos para ocupar un cargo municipal, estatal o federal, estos se presentan ante el electorado con el objetivo único de obtener algo más que la simpatía de la ciudadanía: su voto, ofreciéndole a cambio de este la solución a todos sus problemas (sólo ofreciéndoles).
Solo en tiempos electorales es cuando los candidatos se dan cuenta que hay problemas en los diferentes niveles de la administración pública y todos tienen la solución, o por lo menos eso es lo que prometen los candidatos. Y las personas de a pie somos los que tenemos que lidiar con los problemas hora por hora, día con día y año tras año, mientras las autoridades brillan por su ausencia, ignorando las promesas hechas a las y los ciudadanos que le dieron su voto.
Lo que estos gobiernos, de los tres niveles, están pasando por alto es que algunos ciudadanos y ciudadanas tiene memoria histórica y están pendientes del desempeño de los cargos de gobierno para los cuales fueron electos. Y cada vez que hay una nueva elección deben saber que serán evaluados, calificados en el desempeño del cargo que ocuparon, de manera directa para los que buscan la reelección, y de forma indirecta al partido que los postuló.
Algo o muy poco de lo que ofrece la democracia liberal es el poder del voto (claro cuando no hay fraude) ya que una de las características de éste, es que tiene el mismo valor para las personas que lo ejercen en su demarcación territorial.
Independientemente de las promesas que se le hagan a la ciudadanía y de lo que se le ofrezca al votar, el voto es algo más que sufragar por un candidato y/o partido. El votante tiene la capacidad de evaluar, a través del voto, la gestión del gobierno saliente, así como al partido que lo postuló, es decir, el voto puede servir para premiar o castigar. Con su voto la ciudadanía puede decidir si el gobierno en turno y su partido permanecen o se van de la administración.
El partido de morena, y el gobierno de la 4T han caído en el error de vivir al cobijo de la figura de Andrés Manuel López Obrador. Para muestra bastan dos botones: Naucalpan y la Ciudad de México.
En la política se debe de trabajar día a día para ganarse y conservar la simpatía de la ciudadanía, del pueblo, y no solo sentarse a esperar el nuevo proceso electoral, para regresar nuevamente a la ciudadanía a pedirle su voto, sin haber hecho ningún mérito e incluso afectando al electorado que lo llevó al gobierno.
En el municipio de Naucalpan de Juárez, gobernado por Patricia Durán de 2019-2021 (Patricia Elisa Durán Reveles, “es panista”, fue impuesta a la militancia de morena Naucalpan como candidata a la Presidencia municipal, la cual se ganó con el trabajo de las bases del partido. Conformando su gobierno y su administración mayormente con panistas y priistas), su administración fue desastrosa, y si a esto le sumamos que no cubrió los salarios de los últimos cinco meses y el aguinaldo a los trabajadores de confianza, indudablemente que esto iba a repercutir en el siguiente proceso electoral.
Patricia Durán perdió la reelección, pues no tomó en cuenta que su gestión iba a ser evaluada por los mismos votantes que la llevaron a la presidencia municipal de Naucalpan. Su gestión fue la crónica de una derrota anunciada.
En el caso de la Ciudad de México (CDMX) en donde morena arrasó en la elección federal de 2018, pintándose de guinda la capital del país. ¿Qué estrategia implementó el partido y los gobiernos locales para conservar las alcaldías? A nuestro parecer ninguna, y esto, desde luego, que traería consecuencias para el siguiente proceso electoral: la CCMX quedó dividida, una parte para morena y otra para el PAN.
En los dos casos mencionados, a mi parecer, a lo único que se dedicaron, tanto en Naucalpan como en la CDMX desde el 2018 fue a usufructuar y vivir de la figura de Andrés Manuel López Obrador y, desde luego, de la marca de morena, que vende y vende muy bien.
Para los que vivimos en Naucalpan es fácil saber que no se hizo nada, olvidando la frase de que “El problema no es llegar sino mantenerse”. Y, si a la conducta omisa de los gobernantes y el partido le sumamos la imposición de candidaturas, sin consultar a la militancia, lo cual es la confesión de mantener una estructura política vertical, los resultados en la elección de 2021 no podían ser otros que el rechazo de la ciudadanía a la reelección de Patricia Durán y a los candidatos impuestos. El voto de castigo no se hizo esperar, la ciudadanía votó en contra de la administración saliente.
Naucalpan de Juárez, territorialmente, se pueden dividir en: zonas populares, comerciales y residenciales, y si bien se puede entender que en las zonas residenciales, con una clase social pudiente, se vote a favor de los candidatos del partido del PAN, ya que estos representan sus intereses. Lo paradójico de esto es por qué en una zona popular, en donde vive la población de escasos recursos económicos, se vote por los candidatos del PAN, que como ya se mencionó, representan los intereses de la burguesía y no de la clase trabajadora.
La democracia liberal (burguesa) y sus partidos tienen que rendir cuentas, no solamente a sus militantes y simpatizantes sino también al grueso del electorado, y si bien es cierto que los partidos políticos cuentan con su “voto duro”, es decir con una base social que por lo regular siempre van a votar por ellos, pase lo que pase. También existe el voto de los opositores a la gestión y los votantes que no pertenecen a ningún partido.
La democracia liberal es algo más que elegir a un representante que los gobierne, es una manera de manifestar una opinión de acuerdo o desacuerdo con el gobierno en turno o con los representantes que aspiran a serlo. Ahí es donde se da una calificación y en donde la ciudadanía puede expresar su voluntad mediante el voto, —ciudadanía que puede ser o ignorada por intereses particulares, de partido o de grupos, que lo único que les interesa es el voto a su favor—.
Pero a la hora de votar puede venir el voto de castigo donde la ciudadanía vota en contra de una gestión realizada. Ningún partido, ningún gobierno debe olvidarse del pueblo sino quiere ser rechazado en las urnas.





