por Antonio Tovar León
Para poder determinar la posición que la militancia de morena debe asumir frente al Gobierno Federal de López Obrador, así como a los gobiernos locales de morena, necesariamente se debe de conocer la naturaleza del partido, es decir, las verdaderas causas de su fundación, que nada tienen que ver con el discurso o lo que se plasma en el estatuto, sino con las acciones llevadas a cabo por su dirección, pero sobre todo por las de su máximo dirigente.
El fraude electoral de 2006, perpetrado por el Estado contra Andrés Manuel López Obrador, puede ser considerado como un hecho inmediato para explicar el origen de morena. Pues es a partir de ese fraude electoral que comienzan las movilizaciones y acciones, encaminadas a mantener vivo el movimiento de lucha popular por el respeto al voto ciudadano y la democracia.
Entre las acciones emprendidas por López Obrador, destaca la convocatoria a una Convención Nacional Democrática para el 16 de septiembre de 2006 en el zócalo capitalino. La Convención aprueba la creación de un Frente Amplio Opositor a la política antipopular del gobierno ilegítimo de Calderón, así como la creación del Gobierno Legítimo de Andrés Manuel López Obrador. Este gobierno abanderó las luchas ciudadanas por la defensa del petróleo, la soberanía nacional y alimentaria y, desde luego, la democracia.
Todo esto va a desembocar en la constitución del Movimiento Regeneración Nacional que más tarde, en 2011, pasó a ser asociación civil, organizada en principio con miras a las elecciones federales de 2012.
Pasada la elección presidencial de 2012, morena entra en la disyuntiva de continuar como asociación o transformarse en partido político pues era más que evidente que si Obrador aspiraba a ser presidente de México necesitaba el respaldo de un partido masivo, y morena como asociación no le servía. Esa fue una de las principales razones para transformarla en Partido Político.
Como morena se construyó con la finalidad de llevar a López Obrador a la presidencia de la República, desde sus inicios se buscó tener el control del partido, evitando que este adquiriera una vida orgánica propia. Para eso se crearon estructuras paralelas a las legalmente establecidas en el estatuto, tales como las y los coordinadores distritales, los enlaces, las y los promotores de la soberanía nacional, etcétera. De esta forma se fue acostumbrando a los “militantes” a actuar solamente ante el llamado de su líder.
El propósito de conquistar la presidencia de la República fue para impulsar una verdadera transformación en México; para democratizar la función pública y acabar con la corrupción y el régimen de privilegios; para echar abajo las reformas estructurales, principalmente la energética, con el propósito de utilizar el petróleo como palanca para el desarrollo económico del país. En pocas palabras, se trata de iniciar la “Cuarta Transformación” (la 4T) y para ello López Obrador propone como forma de gobierno para México una “República Amorosa” con una “Constitución Política Moral”, e incluso habla de una “economía moral”.
Por lo antes mencionado es que el propio presidente Andrés Manuel López Obrador, de manera firme, ha manifestado que el proceso de la “4T” no tiene retorno, ni titubeos o medias tintas. Con estas declaraciones lo que pretende es que la obra de la cuarta transformación se consolide y no dejar posibilidad alguna para el regreso de los conservadores facciosos y corruptos, para que no puedan revertir los logros alcanzados en su gobierno.
Desde luego que lo anterior tiene sentido. Pero en este caso, lo que deberíamos preguntarnos es: ¿Cómo se logrará consolidar los avances de la “4T”? ¿Cómo evitar que la derecha neoliberal retorne al poder con más fuerza y eche atrás lo ya logrado en beneficio de la población? El plantear estas interrogantes responde al hecho de la férrea resistencia que existe de los conservadores facciosos a la transformación democrática del país.
La historia nos ha enseñado que los cambios, las grandes transformaciones sociales, las llevan a cabo las masas trabajadoras. Es por esto que la consolidación y defensa de la “4T” es y debe ser obra del pueblo trabajador y no sólo del Gobierno Federal, pero para ello es necesario que el pueblo tenga una dirección política. Por consiguiente, morena debería aspirar a ser la dirección política, el instrumento de lucha en manos del pueblo trabajador para llevar a cabo la cuarta transformación en México.
Lamentablemente vemos que morena, por su naturaleza, como ya se mencionó, no está a la altura de las necesidades que la lucha popular requiere, pues su base “militante” –los miles de simpatizantes de López Obrador– no se mueve por sí sola, ya que desde su fundación, primero como asociación y luego como partido político, fue acostumbrada a manifestarse solamente ante el llamado de su líder. El problema es que ahora su líder está en la presidencia de la República, y el movimiento-partido quedó huérfano, pues la dirección nacional del partido no tiene la capacidad, o no quiere lanzar el llamado a sus militantes para movilizarse en apoyo a las políticas y acciones del gobierno encabezado por AMLO.
Aunque en el discurso se argumente que la fundación de morena tiene como objetivo central la transformación democrática del país, lo cierto es que el partido se fundó con el principal propósito de llevar a López Obrador a la presidencia de la República. Pues tanto Obrador como algunos de sus seguidores están firmemente convencidos que desde la presidencia se pueden impulsar los cambios necesarios para llevar a cabo la “Cuarta Transformación”.
Una vez logrado el objetivo de llevar a Obrador a la presidencia de la República, el partido se encuentra a la deriva, navegando sin rumbo fijo, pretendiendo consolidarse como la primera fuerza política en el país, así como mantenerse vivo a expensas de la aceptación, por parte del pueblo, de la política social del presidente así como de su popularidad.
No debemos olvidar que antes de conquistar la presidencia de la República, López Obrador, para mantener vivo y en crecimiento a un movimiento de masas, convocaba a sus seguidores a movilizarse contra las políticas neoliberales, contra las reformas estructurales, principalmente contra la energética y la educativa. Pero una vez en la presidencia, López Obrador deja de ser el líder de morena –lo cual no significa que no de línea– y por consiguiente, los cientos de miles de simpatizantes de AMLO dejan de movilizarse, pues ya no se escucha la voz y el llamado de su líder para manifestarse en apoyo de su gobierno. El movimiento quedo acéfalo, y la dirección de morena se consume en una disputa interna por los puestos de dirección del partido para utilizarlos como trampolín político y ganar las candidaturas a cargos de elección popular, aunque para ello tengan que aliarse con los “profesionales de la política” del PRI, el PAN y demás partidos al servicio del sistema.
Ante tal panorama, ¿Cuál es la solución? ¿Hay alguna alternativa? Desde luego que sí la hay: hoy y siempre la alternativa es impulsar la lucha organizada de nuestro pueblo, pues la 4T no será posible sin la participación de las masas trabajadoras. Por esto se hace necesario que el pueblo cuente con una dirección política, con un partido que al actuar se defina como el instrumento de lucha en manos del pueblo trabajador.
Es tarea de los militantes de morena, con conciencia de clase, dar la lucha al interior del partido por rescatarlo de las manos que lo mantienen secuestrado; de los oportunistas que lo mantienen alejado de las luchas del pueblo trabajador, y que sólo se sirven de él para conquistar los cargos públicos.
Los militantes con consciencia política, deben tener claro que morena, como partido-movimiento de izquierda, es uno de los herederos de las luchas históricas del pueblo mexicano; de la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana; de las luchas obreras y campesinas, de los movimientos sociales. Pero además, como partido político nacional, no es patrimonio de una persona o de un grupo de vulgares políticos, es una entidad de interés público y por tanto, de acuerdo con la Constitución Política General, debe hacer posible el acceso del pueblo al ejercicio del poder público.
Los militantes de morena, con conciencia de clase, deben tener claro que para impulsar la 4T en México, se requiere impulsar un cambio político, y ese cambio comienza con el reconocimiento de que la Soberanía Nacional reside en el pueblo, por tanto, se debe garantizar que sea el pueblo quien mande, el que decida sobre vida presente y futura.
Por lo antes expuesto, se requiere que los militantes de base con conciencia de clase, trabajen en dos tareas fundamentales:
1ra. En la formación política, con la finalidad de formar militantes críticos, que cuenten con elementos que les permitan distinguir y orientarse entre los planteamientos de las diversas organizaciones y partidos políticos, entre las políticas públicas de los gobiernos en turno; entre las distintas corrientes ideológicas y políticas; para no ser víctimas del engaño y la manipulación.
2da. Estructurar a Morena al seno del pueblo. Si se está convencido de que el cambio no se logrará sin el concurso del pueblo, se requiere que el partido sea el instrumento de lucha del pueblo, y para ello se hace necesario que la militancia trabaje en generar la organización en el pueblo en torno a sus demandas más sentidas y a sus objetivos históricos.
Una última reflexión: los militantes con conciencia de clase deben tener claro que el logro de la “Cuarta Transformación” no será posible manteniendo el orden burgués, pues bajo el sistema de producción capitalista toda aspiración del pueblo a una vida digna será imposible. Es necesario, un cambio desde la raíz: abolir la propiedad burguesa y las relaciones de producción capitalistas, sustituyéndolas por la propiedad social y las relaciones de producción de ayuda mutua.





