por Luis de Luna Mendieta
Nos toca abordar en este espacio un tema peculiar “El trabajo en El Esclavismo”, cuya importancia fue definitiva para el desarrollo de la sociedad que le tocó vivir, con lo que nos debe de quedar claro, que cada momento histórico de la humanidad, es correspondiente de manera inevitable, a la forma en la que los seres humanos se organizan para obtener sus formas de subsistencia.
Por eso, si queremos explicar simplonamente un concepto como el esclavismo, pensando en que, a esos sufridos individuos les tocó vivir una época nociva y cruel y eran explotados producto de su atraso, ignorancia, falta de capacitación, por la mala fortuna, por designio divino o por cualquiera otra condición ajena a su condición de clase, estaríamos cometiendo un imperdonable error.
Pero aún peor, si lo queremos entender con nuestra óptica actual, sin ubicarnos en ese momento histórico y las condiciones que lo determinaron, no pasaría de parecernos como algo inconcebible y a la vez escandalosa, pues careceríamos de herramientas para entender las razones y motivos que orillaron a un núcleo de personas inmenso, a someterse en condiciones tan desfavorables e inhumanas de trabajo, de opresión, de injusticia, a otros integrantes de la sociedad, pero además, por un período de tiempo tan largo, más de dos milenios y en donde aceptaban con resignación su situación. Pero si a este juicio le sumamos, que en esa misma sociedad podemos identificar a otro segmento (minoritario de sus habitantes), que sí poseían riqueza, que tenían abundancia y despilfarraban recursos, quedaremos aún más confundidos.
Precisamente de eso se trata, estimados lectores, que podamos entender los motivos, condiciones y características de este período histórico y así, seamos capaces de vincularlo con otros momentos posteriores ocurridos en el mundo y donde el trabajo representa el Hilo Conductor de la actividad humana. Es evidente que para entender la transcendencia que implica “El Trabajo” en el devenir social y poderlo identificar como motor social, necesitamos hacerlo como seres que entienden la Historia como Ciencia.
Primeramente, debemos de distinguir “qué y por qué”, se dio este fenómeno en ese momento histórico y bajo qué circunstancias. La primera reflexión que es conveniente hacer, proviene de que el trabajo es una actividad primaria del hombre, es el mecanismo a través del cual ha de obtener de la naturaleza los elementos indispensables para su subsistencia. Por este motivo se convierte en el motor de la actividad del hombre, ya que una de las características que tiene la especie humana y que la hace diferente a los seres en el mundo, es su capacidad para modificar su entorno de manera consciente y planeada para así sacar provecho de él.
Es evidente que las comunidades de seres humanos en su larguísimo recorrido por este mundo, fueron experimentando acciones (que ante nuestros ojos parecen pequeñas), que se transformaron en grandes avances, que lo pusieron en ventaja sobre el medio que habitaba. Indiscutiblemente cada paso que daba lo hacía más fuerte y capaz para desafiar de mejor manera las adversidades. Esta actividad y aprendizaje fue de carácter social, es decir, la realizaba en comunidad, haciendo que las tareas que efectuaran no rompieran la equidad social, razón por la cual, nadie tomara ventaja de ellas para imponerse a su grupo.
Así, el hombre aprendió a cuidar y reproducir los animales, que les proporcionaban seguridad en la comida para la comunidad y además también, descubrió la agricultura, que le permitió asentarse en los espacios por más tiempo volviéndose sedentario.
Pero justo debido a este aprendizaje, el hombre tuvo la posibilidad de generar excedentes de productos que obtenía por su actividad, motivo por el cual se inició el intercambio de bienes con diferentes comunidades.
Todos estos avances trajeron consigo, que unos hombres empezaran a tener más que otros, rompiendo el equilibrio social frente al trabajo entre la comunidad. A partir de este momento la sociedad se dividió entre poseedores y desposeídos provocando una modificación esencial en el interior de la sociedad, se crearon Las Clases Sociales y con ello la necesidad del Estado y el nacimiento de la Propiedad Privada.
En este entorno nuevo nace el primer Modo de Producción posterior a la comunidad primitiva. El Modo de Producción Esclavista.
Ahora bien, encuadremos estas reflexiones en el concepto marxista de modo de producción:
“En donde se establece que fue uno de los modos de organización político-social de las sociedades pre capitalistas”. En ellas, la producción era mayormente desempeñada por personas despojadas de derechos ciudadanos y reducidas a la servidumbre obligatoria, llamados esclavos”.
En este modelo se establece que: “Los esclavos constituyen la principal fuerza de trabajo y de producción”, y en donde ellos, no reciben ninguna remuneración por su acción, salvo el techo y la comida, para poder mantener su subsistencia. Las sociedades más significativas de este modelo de desarrollo, son la época denominada clásica de la antigüedad como: Grecia y Roma cuya trascendencia es innegable en el progreso de la humanidad. En este momento la tierra representaba el principal medio de producción para generar riqueza.
Es precisamente con la observación de estos dos imperios, como podemos distinguir cómo sociedades tan avanzadas, en donde los adelantos en ciencia y filosofía fueron espectaculares, no entendieron que la riqueza que producían, provenía de la explotación del trabajo de los esclavos, quienes con su acción, les dieron oportunidad a esos pensadores, que hablaron de democracia, libertad, valores, educación, que lograron desarrollar la ciencia y alcanzaron abstracciones filosóficas profundas, cuyos territorios dominados, eran factibles por esa riqueza generada por el sufrimiento y sudor de los esclavos.
Su concepción de desarrollo estaba fundamentada en privilegiar a los nobles, en darles ventajas como hombres libres, pues recordemos que los esclavos constituyen la mayoría de la población y eran forzados al trabajo, además estaban sujetos a la voluntad del patrón o amo.
Su presencia en la sociedad, es concebida en calidad de objetos, razón por la cual, podían ser vendidos o canjeados, ya que eran parte de la fortuna del amo y su destino dependía de su voluntad. Por este motivo el dueño queda como responsable absoluto del esclavo, y sus decisiones sobre ellos, serán tomadas atendiendo a su propio interés. El único compromiso que tenían con el esclavo, era alimentarlo e incluso, estimular la reproducción de su descendencia, pues con ello incrementaba en el futuro, su fuerza de trabajo y riqueza, ya que los hijos de los esclavos también se convertían en su propiedad. Es evidente que, por su condición de objeto, cualquier daño que sufrieran debería ser resarcido con bienes o servicios por parte del causante de ello, como si se tratara de cualquier cosa.
Dentro del esclavismo había una Pirámide Social jerarquizada en donde había: nobles, soldados, campesinos libres, artesanos, comerciantes y al final los esclavos, es decir, estaban en el nivel más bajo de la escala social.
Ahora bien, la esclavitud no siempre se presentó de la misma forma, tuvo un proceso de evolución que se fue dando con base a la importancia que esa fuerza de trabajo, fue adquiriendo en el proceso productivo. Inicialmente la actividad principal de los esclavos se dio en el servicio doméstico, atendiendo las necesidades de las familias de recursos. Posteriormente sus tareas fueron aplicadas en el cultivo del campo, pero una vez que fue creciendo la importancia de su rentabilidad en la sociedad, los fueron sumando a otras actividades como: el comercio, los talleres artesanales, etc. Hay que destacar que aun entre los esclavos había diferentes niveles, producto de sus capacidades y habilidades en el desarrollo de sus tareas, ya que los que sabían leer, escribir y llevar las cuentas del dinero, gozaban de una mejor condición ante su amo. El que fueran sumados para realizar otras tareas diferentes al campo, no modificó en nada su condición de esclavo.
Una de las formas iniciales de la esclavitud, empezó a practicarse en las sociedades producto de la guerra, a través de los prisioneros obtenidos quienes eran forzados a trabajar para sus captores. También es verdad que se podían convertir en esclavos por no poder pagar deudas o por haber cometido un crimen. Es decir que ser esclavo era el mecanismo a través del cual la clase dominante obtenía su riqueza, motivo por el cual, tener esta fuerza de trabajo a su servicio representaba un nivel social que distinguía al dueño y es evidente que mientras mayor número tuvieran, era más su importancia, prestigio social y abundancia. Esta actitud de trato para los esclavos, de ninguna manera les ocasionaba una afección moral a sus amos, por el contrario, la ejercía con autoridad a veces desmedida. Pero lo más importante dentro de este análisis, es que los propios esclavos estaban resignados con su condición, debido al andamiaje ideológico con que la clase dominante había disfrazado su condición y sujeción. Bajo esta situación es como se puede demostrar la complicidad que existe entre las estructuras de producción, con las formas políticas y legales que se diseñan para garantizar su sutil imposición a los sometidos, pero además, la creación de formas ideológicas a través de las cuales se construyen y legitiman, ese orden social injusto.
Si somos claros en nuestra reflexión sobre el esclavismo, podemos decir, que es el trabajo el que genera la riqueza en cualquier sociedad, razón por la cual, en la sociedad esclavista, los verdaderamente ricos hubieran sido los esclavos, pero fueron éstos los más ajenos a disfrutarla.
Por ello compañeros del tribuno, es indispensable que entendamos que mientras vivamos en una sociedad en donde los intereses de la clase en el poder, no sean los del pueblo trabajador, habrá explotación, injusticia, y pobreza en los oprimidos.





