por Luis de Luna
Estimados lectores de El Tribuno, he querido abordar ante ustedes un tema complicado “Las Cruzadas”, ya que considero que este contiene las condiciones de análisis tanto de carácter social, político, religioso y económico que se ajustan con toda precisión al sentido temático que a ésta publicación le interesa tocar.
Es claro que todos, de una u otra manera, hemos oído hablar sobre ellas y nos hemos desarrollado una idea formal o superficial sobre su desarrollo, pero muy pocas veces nos hemos preguntado sobre las condiciones verdaderas que las provocaron y las profundas razones de los diferentes bandos que participaron para permanecer durante dos siglos en esa disputa, con más de 6 millones de muertos y en donde el bando ganador no queda claro a simple vista, elemento que nos debe llevar a profundizar en este movimiento medieval que indiscutiblemente tuvo una profunda repercusión en la vida de los participantes y fue factor para la construcción de los siglos posteriores.
Inicialmente podemos decir que todos los comentarios habituales nos llevan a la reflexión rápida para pensar que esta fue una Guerra Santa que se desarrolló entre los años de 1095 a 1293 y en donde los involucrados responden a la defensa de sus creencias, las cuales se veían amenazadas por el bando contrario.
Todos hemos aprendido, al observar los hechos históricos sucedidos en las diferentes comunidades humanas, que el motivo central de cualquier conflagración, tiene su origen en asuntos de orden económico, razón por la cual nuestra primera reflexión sería conocer si este conflicto no está anclado precisamente a esos intereses y, si así fue, determinar qué tan profundos debieron ser para durar tanto tiempo. Por ejemplo: ¿Quiénes los sostuvieron en lo ideológico, en lo militar, en lo político y sobre todo, en lo económico? ¿Fue únicamente la Fe, la motivación central de este movimiento? Para poder tener una respuesta clara para este suceso, debemos analizar a los distintos grupos participantes y sus verdaderos intereses.
Recordemos que el lugar en donde se desarrolla este conflicto no fue Europa sino Medio Oriente y son los ejércitos cruzados los que se desplazan hacia esa zona. También se afirma que el motivo central que impulsa la movilización masiva hacia esa zona se da con la caída de Jerusalén en el año de 1075, acción realizada por el ejército Selyúsida, cosa que enoja a los creyentes católicos europeos y deciden con ello participar en su rescate. Pero si profundizamos un poco en lo sucedido en Medio Oriente desde el siglo VII d. C., nos vamos a enterar que Jerusalén, ya había caído en manos musulmanas. ¿Entonces que pasó?
Iniciaremos identificando a los participantes del conflicto, pero ya en el Siglo XI, para saber que los impulsó a reaccionar así. Estamos hablando de Europa en la Baja Edad Media, que va aproximadamente del Siglo X al Siglo XV de nuestra era. Durante este período suceden grandes cambios económicos en su interior que provocan un rompimiento con el orden imperante en la Alta Edad Media, la cual ubicamos del Siglo V al X.
Estos cambios provocan que en lo económico haya una mayor productividad en el campo por avances tecnológicos, lo que ocasiona un crecimiento en los alimentos y por tanto en la población. Esto, a su vez, ocasiona que parte de los campesinos, antes anclados a la tierra del feudo, se muevan hacia las ciudades por falta de trabajo, en donde encuentran nuevas formas de labor en los talleres artesanales. Por este motivo las ciudades toman un nuevo impulso, se desarrolla el comercio y, a su vez, provocan un nuevo sector social: la incipiente burguesía.
Con esto nacen también en la península italiana nuevas Ciudades Comerciales marítimas como: Venecia, Génova, Pisa y Florencia que empiezan a controlar el comercio en el Mediterráneo, cosa que las enriquece.
Por otro lado, Los Señores Feudales otrora dueños de todo, recienten este impacto y buscan conquistar nuevas tierras, lo que hacen a través de la guerra, convirtiendo los territorios en campos de batalla permanente. Como contrapartida a los feudos empiezan a crecer Los Reinos (Francia, Inglaterra, Hungría, etc.) en el continente, haciendo que los monarcas (reyes), quienes están patrocinados por los comerciantes, puedan quitarles fuerza y poder al feudo para favorecer el libre tránsito de mercancías, por lo que toman ventaja.
Por este motivo Los Señores Feudales requieren de nuevas tierras; las Ciudades marítimas comerciales buscan nuevos mercados y los Reyes requieren expansión y poder.
Por otro lado, hay una institución que también se ha empoderado en Europa y establece el control monopólico de la ideología medieval “La Iglesia Católica”, encabezada por el Papa, quien también en lo económico se ha enriquecido. Todos ellos constituyen una fuerza interesada en dominar y expandirse, aún con ambiciones y proyectos diferentes, la tendencia es la misma.
Ahora conozcamos a los participantes de Medio Oriente, representados por: El Imperio Musulmán y el debilitadísimo Imperio Bizantino.
El Imperio Bizantino es el heredero del Imperio Romano en Oriente, su fuerza y jerarquía se establece del Siglo V al Siglo VII, pero haciendo mención que esta proviene de su ubicación geográfica, ya que, por ese sitio, el tránsito comercial tiene su origen desde el Siglo 0, siendo la vía de circulación de productos entre oriente y occidente más importante. Es Constantinopla su capital, por lo que en ella se concentran los mayores tesoros: económico, político, científico, filosófico y culturales del mundo.
Con la llegada del Imperio Musulmán se fue debilitando paulatinamente, ya que el crecimiento explosivo de éste, fue hecho sobre gran parte del territorio bizantino. El espectacular crecimiento musulmán les permitió controlar económicamente una enorme superficie de territorio, mucho mayor a la bizantina, teniendo como centros de poder: Bagdad, Damasco y el Cairo en diferentes momentos. Los avances logrados por este imperio son asombrosos y también se destacan en actividades: científicas, filosóficas, económicas y políticas que los hacen ser un referente de sus tiempos.
La dimensión del imperio les genera graves problemas que provienen de la fragmentación de sus grupos de poder, los cuales estaban constituidos en Califatos, con dos concepciones básicas: Los Chiitas y los Sunitas. Los intereses económicos de este imperio les permitieron controlar el comercio de oriente a occidente, en donde ya en este tiempo (siglo XI), establecieron luchar por el control marítimo con las potencias comerciales europeas como Venecia y Génova.
En este entorno económico y sociopolítico se va a escenificar El Movimiento de Las Cruzadas, que, si bien es verdad que las encabezan La Iglesia Católica y el Papa, los intereses que las sostienen los vamos a encontrar en las ambiciones y necesidades de las clases dominantes, que eran parte de cada grupo.
Son 8 Las Cruzadas que se desarrollan en esos dos siglos y en cada una de ellas se van plasmando las verdaderas intenciones de quienes las promovían, provocando vaivenes de alianzas entre los grupos en la medida que los intereses se iban moviendo.
Por eso, estimados lectores, hoy quiero dejarles claro que para entender Las Cruzadas y sus verdaderas consecuencias únicamente podemos hacerlo si nos proponemos conocer los resortes que movieron a los grupos de interés. Solo así podemos entender y descubrir el motivo y las consecuencias que lograron sus verdaderos ganadores.





