por Luis de Luna Mendieta
Contenido del documento:
Introducción
Este evento histórico representa un enorme conflicto que se desarrolla bajo la apariencia de una Guerra Santa, pero que en realidad es un suceso que confronta a las Potencias más importantes del mundo en el Siglo XI, quienes utilizan toda su fuerza y poder para imponer sus intereses económicos, políticos e ideológicos a los demás.
Este evento constituye una de las acciones más sangrientas en la historia de la humanidad, que duró dos siglos y significó entre 4 y 6 millones de muertos aproximadamente (ya que no hay fuentes reales para confirmarlo), pero sí podemos decir que representaba más del 5% de la población total de Europa, lo que resulta un número elevado para la época. Esto sucedió entre los años 1095 y 1291 en donde se movilizaron: personas, recursos y enormes intereses económicos, que sirvieron de plataforma de despegue al mundo occidental (europeo) para su consolidación hegemónica.
Si nos preguntamos ¿quiénes fueron los verdaderos vencedores de un conflicto tan prolongado?, la respuesta nos obliga a buscar en las condiciones, intereses, necesidades de cada uno de los participantes para poder comprender los motivos que los llevaron a esa guerra.
Por lo anterior, hemos de empezar por conocer a los participantes, quienes eran en esencia diferentes entre sí en términos políticos, económicos y religiosos.
1.- Los Participantes
Europa
Siendo sus más claros representantes:
– El Sacro Imperio Romano-Germánico, que, aunque ya en decadencia, su presencia, importancia y fuerza, aún eran válidas y tuvieron su influencia y resultados.
– Los reinos nacientes como: Francia, Inglaterra, Castilla, Hungría, etc., que empezaban a tomar fuerza como autoridad frente a los Señores Feudales, quienes ya estaban en el proceso de descomposición.
A esto le sumamos a la Iglesia Católica encabezada por Roma y El Papa, cuya influencia se convirtió en fundamental, ya que representaba la principal fuerza ideológica en el continente. Su conexión con los intereses de la aristocracia (a la que pertenecía su jerarquía), la hizo enarbolar con decisión sus causas y beneficios.
Asia
Quien constituía una fuerza tan importante como la anterior y que también como los europeos, estaba personificada por dos potencias:
– El Imperio Bizantino, quien era la potencia comercial, cultural, religiosa y militar de enorme influencia en la zona y en el mundo, pues sostenían ser los genuinos herederos del Imperio Romano. Si bien representaba al Imperio Romano de Oriente y trató de reconquistar las antiguas posiciones en Occidente que habían sido invadidas por los bárbaros, ese esfuerzo fue limitado y temporal. Su influencia terminó (para efectos reales de la época), en los Balcanes, el Asia Menor y el norte de África.
Hay que decir que también El Cristianismo, era su sustento ideológico, con una visión teológica particular de la Iglesia Ortodoxa. Ellos, además, tenían como su mejor herramienta el haber rescatado los conocimientos de la antigua Roma y Grecia, que les dieron una ventaja de superioridad en los terrenos: filosófico, científico y militar a su cultura.
El imperio Musulmán
Quien a partir del siglo VII había tomado una enorme relevancia, con un crecimiento explosivo que inicia de la península arábiga, ascendiendo hacia Medio Oriente, posteriormente sobre Asia y todo el norte de África, que lo convierte en un verdadero enemigo de bizantinos y europeos.
Como podemos apreciar, las condiciones eran complejas, y este nuevo imperio empezó a crecer a través de penetrar algunos espacios que controlaba Bizancio, a los que evidentemente confrontó. Aunque es verdad, las necesidades comerciales que ahí se desarrollaban eran tan importantes, que fueron provocando acercamientos que permitieron niveles de convivencia en las principales ciudades de esa zona. Aun así, la amenaza de un próximo enfrentamiento se veía venir.
Ahora bien, una vez identificados a los principales protagonistas de la época, pasaremos a determinar las particulares condiciones económicas, políticas y religiosas de cada uno de ellos.
2.- Condiciones de los participantes
Los Feudos Europeos
Si nos preguntamos, ¿cómo era la situación en Europa hacia el siglo XI?, podemos detectar que las condiciones habían cambiado con relación a las existentes en la Alta Edad Media. Las transformaciones sufridas en la zona, posterior al derrumbamiento del Imperio Carolingio, generaron que el comportamiento económico social y político de la región se transformara. Veremos la razón.
Aspecto Económico
Hubo una modificación con relación a la tierra; las comunidades habían encontrado formas más eficientes de hacer rendir sus campos, lo que provocó una mayor producción de alimentos y, con ello, un aumento de la población que les trajo algunos niveles de bienestar: mejoró la alimentación de su población, hubo mayor trabajo al crecer el terreno productivo, también mayor riqueza aunque mal repartida, ya que los que la disfrutaban eran los aristócratas.
Pero esto también generó nuevas contradicciones al sistema feudal que terminarían por arruinarlo.
Por ejemplo: se rompió el orden medieval, que se había distinguido por estar formado por sociedades autárquicas, en donde los campesinos estaban anclados a la tierra; eran sociedades inmóviles. El cambio aludido, provocó que alguna población de campesinos fuera desplazada de esas tierras, empezando a migrar hacia las ciudades, es decir, fuera de los feudos. Esta dinámica implicó que esa nueva fuerza de trabajo llegara a las ciudades y se convirtieran en artesanos, generando una mayor producción de artículos y un mayor comercio que aceleró más la conexión de las fortalecidas ciudades entre sí, rescatando la importancia que habían perdido.
Las ciudades ahora estaban habitadas por nuevos inquilinos, los comerciantes, quienes empezaron a acumular mayores fortunas, que los hizo tener un mayor poder, económico y político.
Para los Señores Feudales el problema se agudizó, ya que necesitaban obtener más tierras, pues sus herederos menores se iban quedando sin posibilidades de beneficiarse de ellas. Esto los llevó a tratar de apoderarse de otras tierras, causando una lucha permanente entre ellos. Recordemos; para ellos, “la tierra” constituía la fuente de la riqueza más importante, por lo que obtenerla, se convierte en una necesidad primordial.
Aspecto Político
La presencia del Rey empezó a retomar su poder, ya que los comerciantes necesitaban salir a vender, y los señores feudales, como eran “los dueños y señores de sus tierras”, estaban acostumbrados a imponer “restricciones arancelarias” a quienes las cruzaban y, por supuesto, las caravanas de comerciantes requerían hacerlo.
Por este motivo, los reyes recibieron el apoyo económico de los comerciantes para lograr un libre tránsito y, con ello, empezar a restar control sobre el poder y las tierras de los Señores Feudales. Así, pudieron controlar mayores territorios e imponer su autoridad, que permitía la libre circulación de mercancías por los territorios, ahora bajo su vigilancia.
Aspecto Ideológico
La Iglesia Católica ejercía un férreo control en la conducta y pensamiento de las personas de toda Europa. El Papa de Roma, regulaba la voluntad total de los aristócratas y también del pueblo trabajador, utilizando su doctrina como una herramienta muy eficaz de control y sumisión; hacía uso de la amenaza de la excomunión, que le era muy eficiente, también del chantaje de la salvación eterna, que los aterrorizaba perderla y, por último, la fuerza del confesionario, a través de la cual, conocían los secretos de los poderosos para esquilmarlos. Todas ellas, se transformaron en las armas más eficaces y temidas por los pobladores.
El Imperio Bizantino
Ahora bien, para hablar del Imperio Bizantino diremos:
Aspecto Económico
Debemos establecer que su importancia radica en su ubicación geográfica, situada en el estrecho del Bósforo, controlando el paso comercial entre Europa y Asia, además de la conexión entre el Mar Negro y el Mediterráneo. Esta era la zona de tránsito de mercancías más importante del mundo, no solo en ese momento histórico, sino desde el año 0 de nuestra era, con la RUTA DE LA SEDA. Ese es el motivo por el que Constantino el Grande, traspasa el centro del Imperio Romano a Constantinopla.
Aspecto Político
Constantinopla llegó a tener entre 500,000 y 1,000,000 de habitantes, siendo su estabilidad política y el desarrollo económico y comercial los factores que influyeron en su fortaleza. Su tamaño y esplendor la convirtieron en una de las ciudades más grandes y ricas del mundo, comparable solo con Bagdad, Córdoba o la Roma Imperial.
Una de las características de Constantinopla, además de su ubicación geográfica estratégica, fue la militar, que se convirtió en inexpugnable fortaleza. Esto se sustentaba en sus hileras de murallas (las murallas de Teodosio, siglo V), eran una serie de fortificaciones casi impenetrables, que protegieron la ciudad durante siglos, por lo que más de mil años, la hicieron el corazón político de ese Imperio.
Su Gobierno era centralizado y contaba con una administración eficiente y con una burocracia avanzada. En Europa y Asia, fue clave su influencia hacia los reinos cristianos y musulmanes.
Aspecto Ideológico
Al entrar en contacto con los valores de la cultura Grecolatina y transformar el idioma oficial del latín al griego en el siglo VI, la importancia, poder y conocimientos de Constantinopla se vuelven espectaculares.
En lo religioso, el Patriarca del imperio es tan importante como El Papa de Roma. Esto ocasiona que se desarrollen rencillas permanentes entre ellos por motivos de interpretación teológica distintas, ya que ambos querían el control total del cristianismo en el mundo. El rompimiento total se dio en el 1054, conocido como el “Cisma de Oriente y Occidente”, ocasionando que, de manera categórica, se separen las dos visiones y sus campos de influencia se hacen irreconciliables.
Otra de las características importantes del imperio bizantino, fue el Multiculturalismo, ya que en el interior de las poblaciones que controlaban, podían convivir: griegos, romanos, armenios, árabes, cristianos, eslavos, judíos y otros grupos, enriqueciendo su cultura y permitiendo un desarrollo humano, científico y cultural importantísimo.
El Imperio Musulmán
Su origen proviene del siglo VII D.C., con el liderazgo de Mahoma, quien unificó a las tribus árabes bajo el Islam. Su rápido crecimiento se debió a varios factores, como la debilidad de los imperios vecinos (Bizantino y Persa), en donde pudieron sembrar entre la población su ideología, que ocasionó la unidad religiosa y política en la región.
Aspecto Económico
Su principal éxito en lo económico inició con la unificación de las tribus, lo que facilitó el comercio y garantizó la seguridad en las rutas comerciales. Esto benefició económicamente a Arabia, lo que incentivó a más tribus a unirse al islam.
- Las comunidades musulmanas, con esto, tenían una baja carga fiscal, posibilitando en la población la movilidad social.
- Por ejemplo: los musulmanes solo estaban sujetos a pagar un impuesto religioso, incentivando así, la conversión hacia esta ideología religiosa.
- Promovían un sistema fiscal moderado, que fomentaba la productividad y el comercio, ya que podían reinvertir sus ganancias en la economía en lugar de destinarlas a impuestos elevados.
- Tuvo la capacidad de saber combinar su propuesta religiosa y política, que permitió la transformación de una sociedad tribal dividida, a una gran comunidad islámica, que promovía la cooperación entre tribus musulmanas y no musulmanas.
- Consiguen controlar las rutas comerciales estratégicas que conectaban Europa, África y Asia.
- Controlaron, además, el océano Atlántico, el Mediterráneo y llegaron hasta el océano Índico.
- Introdujeron innovaciones en el sistema financiero, como letras de cambio y cheques, facilitando el comercio a larga distancia.
Aspecto Político
Su forma de control político fue El Califato, que era una especie de monarquía soportada bajo dos visiones: la hereditaria y la electiva.
- El Califa es el heredero de Mahoma y a partir de su muerte, se formaron dos ramas:
- La SUNÍ (el califa lo eligen los musulmanes)
- La CHIITA (que son los descendientes de Mahoma).
- El Imperio tiene un explosivo crecimiento debido a:
- Debilidad de Bizancio y Persia: Ambos imperios estaban agotados por años de guerra entre sí, lo que facilitó la expansión musulmana.
- También desarrollaron una estrategia militar eficiente.
- Además, ofrecieron términos favorables a los pueblos conquistados, permitiéndoles mantener sus costumbres y religión a cambio de tributos.
Pero El Imperio desarrolla también debilidades como:
- Las constantes luchas internas entre los diferentes Califatos por motivos religiosos y políticos.
- La Invasión Mongola, en el 1258, que desarticula al imperio, quitándole condiciones de control político en la población.
Aspectos Ideológicos
Antes de Mahoma, las tribus árabes eran politeístas y estaban divididas en numerosos clanes, con sus propios ídolos y creencias. Mahoma predicó una religión monoteísta. Su mensaje proporcionó un sentido de identidad común y superó las divisiones tribales al unificar a los árabes bajo una misma fe.
- Mahoma estableció un sistema de alianzas entre musulmanes y la eliminación de la venganza tribal.
- Creó acuerdos como la Constitución de Medina, que promovía la cooperación entre tribus musulmanas y no musulmanas.
- El Imperio Musulmán tuvo el tino de permitir la convivencia con otras manifestaciones religiosas, como la cristiana y la judía, ya que reconocía La Biblia como libro sagrado.
- Los practicantes de las otras religiones tenían que pagar un impuesto adicional, así no eran molestados.
Como hemos podido ver hasta este momento, la situación que guardaban los tres Imperios que vimos: Los Europeos, Los Bizantinos y Los Musulmanes al inicio del Siglo XI, era distinta, pero cada uno de ellos quería imponer su control e intereses económicos, políticos y religiosos sobre la zona, lo que irremediablemente los iba a enfrentar.
3.- LAS CRUZADAS
Como ya vimos, no faltaban motivos para hacer que esta región tan próspera del mundo se incendiara y, precisamente, es a mediados del siglo XI cuando el conflicto se hace presente.
Asia Menor es el espacio geográfico donde se va a desarrollar la crisis, debido a que el Imperio Musulmán en su rápido crecimiento había desplazado a los bizantinos en la zona en aspectos comerciales, políticos, territoriales, militares y religiosos, lo que provocó una aspiración en Europa.
Pero este poderoso imperio, hay que decir que también en su interior, empezaron a surgir dificultades por la disputa del poder.
Un ejemplo en el Califato Fatimí, donde se desata una disputa del poder entre chiitas y sunitas, lo que indujo a su debilitamiento. Recordemos que Los Fatimí, cuya sede estaba asentada en El Cairo, eran muy poderosos y controlaban desde ahí gran parte de Medio Oriente incluyendo la importante ciudad de Jerusalén.
Esto lo aprovechan los turcos Selyúcidas, un pueblo originalmente nómada de Asia Central, pero convertido ya al Islam (sunita), que comienza una expansión por Asia Menor, por lo que no tardaron en confrontarse, en primer término, con el poder de Bizancio.
Así, los Selyúcidas, deciden avanzar, chocando con ellos en la Batalla de Manzikert (1071), en donde el Imperio Bizantino es contundentemente derrotado. Los turcos, con esta motivación, deciden seguir avanzando hacia el sur, hacia donde estaba Jerusalén, importante ciudad, no únicamente por su valor religioso, sino también por su importancia comercial. En ella, también ya estaban presentes los conflictos internos entre las diferentes facciones musulmanas, razón por la cual sus defensas se habían disminuido, cosa que facilitó su caída en 1075 ante los turcos.
Este hecho constituye el detonante para que se realicen Las Cruzadas, movimiento que no podemos catalogar como religioso, ya que esto, únicamente representó la fachada. Para soportarlo,debemos interiorizarnosy visualizarlo como un fenómeno complejo, que combinó factores principalmente económicos, perotambién políticos e ideológicos, que se enmascararon como religiosos y que dejaron una huella profunda en la historia de Europa y Medio Oriente.
Ahora, regresemos a Los Selyúcidas y su avance, ya que en su expansión llegan a tomar no solo la ciudad de Jerusalén, sino toda la región, con lo que se afecta la convivencia interior que se venía desarrollando en esa zona. A diferencia de los Fatimíes, los Selyúcidas impusieron mayores restricciones a las peregrinaciones cristianas que iban a los lugares santos, lo que generó indignación en Europa.
Hay que mencionar que estas movilizaciones, provenientes de Europa hacia los lugares santos, ya encierran elementos migratorios significativos, ya que los grupos que los realizaban manifestaban que estaban padeciendo condiciones económicas que los marginaban, por lo que, a través de ellas, buscaban mejores condiciones de vida. Estaban formados por: nobles empobrecidos, campesinos desplazados, ladrones perseguidos, etc., que buscaban mejores lugares y oportunidades.
En este entorno y conociendo la rivalidad entre los dos centros religiosos, Roma y Constantinopla, después de la ruptura del 1054, se creía imposible cualquier forma de reconciliación entre ellos. Pero no fue así, ya que el Emperador Alejo I Comneno, ante el temor de ser invadido por los turcos, hace una llamada desesperada de ayuda a occidente y, en particular, al Papa Urbano II.
Primera Cruzada(1096-1099): El llamado de Dios
Así, da principio esta Guerra Expansionista que dura dos siglos, que fue promovida desde Europa por la Iglesia Católica, la monarquía feudal, los reinos y los poderosos estados-nación de la península de Italia, quienes utilizan como argumento la recuperación de Tierra Santa de manos musulmanas, para disfrazar sus auténticos intereses expansionistas. Este primer conflicto se desarrolló entre 1096 y 1099, culminando con la conquista de Jerusalén.
El control ideológico que tenía El Papa Urbano II en Europa lo hace encabezar el movimiento ideológico, político y militar, buscando obtener ventajas, económicas y militares para la aristocracia y, por supuesto, para él, que no quería dejar pasar la oportunidad de expandir la influencia de su poder, unificando en el papado, a la cristiandad.
Para ello utilizó El Concilio de Clermont, para motivar a los cristinos de participar en el rescate de los lugares santos de manos de los infieles, prometiendo el perdón de los pecados y la salvación eterna a todos los que respondieran a su llamado. La respuesta fue eufórica y masiva, que contagió a los nobles, a los caballeros y a los humildes campesinos, por unirse a ella. Utilizaron entusiasmados el grito “DIOS LO QUIERE”. A esta acción, también se sumaron los comerciantes, quienes vieron en ella una ventana de negocio.
Se les denomina Cruzados, porque para identificar a los integrantes de ese ejército, portaban en el uniforme una cruz de tela color rojo en el frente.
A.- Intereses que perseguían los grupos participantes.
Cada grupo que se sumaba, obedecía a diferentes motivaciones que los llevaba a actuar.
La Iglesia:
- Recuperar Jerusalény otros territorios sagrados y frenar el avance musulmán.
- Unificar a la cristiandad bajo el liderazgo del Papa.
Los nobles feudales y reyes:
- Conseguir tierras y riquezas en Oriente.
- Expandir su poder y conseguir el perdón de sus pecados.
- Acabar con las guerras internas.
Los Comerciantes:
- Controlar las rutas marítimas y ganar nuevos mercados.
- Surtir el aprovisionamiento de productos para la guerra.
- Obtener beneficios económicos de la movilización.
La población empobrecida (campesinos, artesanos, ladrones, prostitutas, etc.):
- Mejorar sus condiciones de vida.
- Encontrar el perdón de sus pecados.
- Huir de la pobreza, de la autoridad y de las deudas.
Si bien la respuesta fue entusiasta y masiva, se presentaron diferentes tipos de respuesta en los grupos participantes.
La primera versión. La Cruzada de los Pobres.
Fue encabezada en 1095, por Pedro de Amiens “El Ermitaño”, también fue conocida como “La Cruzada Popular”. Se le llamó así debido a que estaba formada por grupos de personas hombres y mujeres, integrantes del pueblo más bajo, quienes veían en esta movilización la salida a todos sus males, desventajas y pobreza en que vivían, por lo que la respuesta fue inmediata y nutrida. Es verdad que era un grupo numeroso, pero sin ninguna preparación militar, sin armas, sin organización, vamos, casi hordas, que, a su paso hacia su destino final Jerusalén, sembraban miedo y desorden, ya que saqueaban, asesinaban e incendiaban los lugares que tocaban. Es evidente que, al llegar a la península de Anatolia e ingresar al espacio Selyúsida, fueron totalmente aniquilados y los que quedaron vivos fueron llevados como esclavos. De esta acción se pudo salvar Pedro El Ermitaño quien regresó a Constantinopla con un grupo reducido de peregrinos.
La segunda versión. La Cruzada de los Príncipes
Ésta estuvo formada por nobles, no los más importantes de los reinos, pero sí los más necesitados de conquistar tierras y fortuna. Ellos sí formaban un grupo mucho más organizado, conocido como “La Cruzada de los Príncipes”, que partió hasta agosto de 1096. La procedencia de estos grupos, principalmente,eran de Francia, Países Bajos, y del Reino de Sicilia. Este ejército lo dirigían nobles como: Godofredo de Bouillón, Raimundo de Tolosa y Bohemundo de Tarento.
Ya estando en Constantinopla este ejército, el emperador bizantino Alejo I, los hizo jurar, “que todos los territorios que liberaran de los sarracenos, se los devolverían a su imperio”, y con esa promesa iniciaron su camino.
La primera acción a que se enfrentaron, fue que, Balduino de Boulogne, hermano de Godofredo, se separó del ejército cruzado principal, que se dirigía al sur, y viajó hacia el este en dirección a Edesa. Balduino por razones extrañas, pasó a ser el nuevo señor, tomando el título de Conde de Edesa; esta viene a ser la primera posesión cruzada en Asia Menor en 1098.
El otro grupo siguió hacia el sur llegando a Siria. De ahí pusieron sitio a Antioquía, importante ciudad, la que conquistaron con muchos trabajos. Una vez ahí, Bohemundo de Tarento, retuvo para sí la plaza, violando el acuerdo con el emperador. Esta acción la justificó arguyendo que el ejército bizantino no había caminado con ellos y no había participado en la batalla.
Así, crearon el Principado de Antioquía, segunda posesión latina en ese territorio.
La Caída de Jerusalén
Jerusalén significaba el motivo central de la expedición, por lo que su toma era el principal objetivo de los cruzados. Ciertamente, las batallas anteriores habían tenido complicaciones, las que habían podido superar para conseguir su propósito, razón que los hacía considerar “que Dios los apoyaba en la expedición y por lo tanto era su voluntad”.
Aunque, con muchas dificultades, pusieron sitio a Jerusalén y después de más de 30 días, el 15 de julio de 1099 entran en la ciudad. Una vez en ella, provino en una masacre brutal a la población, lo que marcó uno de los episodios más sangrientos de la Primera Cruzada. En esta batalla se les unieron los genoveses, quienes tenían particulares intereses en participar y así, conseguir beneficios económicos en el Mediterráneo.
A la cabeza del ejército cruzado, estaba Godofredo de Bouillón quien es invitado a ser nombrado Rey de Jerusalén, cosa que no acepta, y únicamente admite ser considerado el Defensor del Santo Sepulcro. Jerusalén era una ciudad importante y por ello era un conglomerado cosmopolita, por lo que se convirtió en un reino secular. Aun así, rápidamente se estableció una jerarquía católica que sustituyó a las autoridades cristianas ortodoxas griegas y sirias: Se impuso un patriarca latino y se instalaron con él, gran número de obispos y arzobispos.
Los cruzados no se detuvieron en su camino y por ello decidieron como última meta tomar la Ciudad de Trípoli, para formar El condado de Trípoli. Este fue el último de los cuatro grandes estados cruzados que se formaron en Levante en esta primera cruzada, la que así concluyó. Podemos decir con esto, que ésta, realmente fue la más exitosa o quizá la única en dos siglos.
También en ese período se crearon las órdenes monásticas militares católicas como: Los Caballeros Templarios (1118), Los Caballeros Hospitalarios (1113) y los Caballeros Teutónicos (1224). Su función era proteger los lugares santos, así como a los peregrinos que viajaban a Tierra Santa.
Participación de Venecia en 1124
Los venecianos realizaron una operación militar conjunta con los cruzados del Reino de Jerusalén, cuyo objetivo era capturar la ciudad portuaria de Tiro, que en ese momento estaba bajo control musulmán. Para ello, utilizaron un poderoso ejército de 12 mil hombres que les permitió capturarla.
Tiro era un puerto estratégico en la costa del actual Líbano y su conquista era clave para controlar las rutas marítimas y comerciales del Mediterráneo oriental, además serviría para cerrar el cerco sobre los territorios musulmanes en la región.
Venecia estaba interesada en participar de los privilegios comerciales y beneficios políticos que había convenido con el reino de Jerusalén como: obtener un tercio de la ciudad de Tiro, Exención de impuestos en los territorios cruzados, Derechos comerciales especiales en el Reino de Jerusalén y el establecimiento de enclaves venecianos en Tierra Santa, donde tendrían autonomía. Estos privilegios marcaron el inicio del poder comercial veneciano en el Levante, que duró siglos.
Segunda Cruzada (1147-1149): Una respuesta fallida
En el territorio musulmán fue creciendo un sentimiento anti latino que fue utilizado por los distintos Estados musulmanes para reconquistarlos.
Esto se manifestó en el 1144 cuando cae Edesa nuevamente en manos musulmanas. La alarma en Europa no se hace esperar, por lo que Roma reacciona y el Papa Eugenio III, convoca a Una Segunda Cruzada.
Utiliza para ello a San Bernardo de Claraval, que era un religioso con extraordinario prestigio. Debemos decir que, a diferencia de la cruzada anterior, en esta participaron reyes de la cristiandad, encabezados por Luis VII de Francia (acompañado de su esposa, Leonor de Aquitania) y por el emperador germánico Conrado III.
Inicialmente, el ejército cruzado de Luis VII participa en apoyo a la península Ibérica que estaba expulsando a los musulmanes de su territorio y esta acción también es considerada como parte de las cruzadas.
La expedición parecía tener perspectivas de éxito, pero la falta de coordinación, problemas logísticos y la resistencia musulmana lo impiden.
Por ejemplo, recordemos que la convocatoria se hizo por la caída de Edesa, la posición latina más al norte y oriente de los dominios cruzados, motivo por el cual, la misión era recuperar Edesa para fortalecer la zona cristiana. Pues resulta que, ya estando ahí, los ejércitos cruzados tomaron la decisión, en lugar de recuperar Edesa, mejor encaminar sus esfuerzos en tomar Damasco, ciudad más importante. Esta decisión los llevó al más estrepitoso fracaso, pues fueron derrotados de manera contundente por el ejército musulmán, motivo por el cual la cruzada terminó en desilusión y demostró que no bastaba con la fe para alcanzar la victoria militar.
También sirvió para demostrar que las victorias cristianas obtenidas no iban a resultar conquistas permanentes, ya que los ejércitos musulmanes estaban decididos a expulsarlos de ese espacio.
Tercera Cruzada (1189-1192): La Cruzada de los Reyes
Balduino III rey de Jerusalén decide atacar al califato Fatimí de Egipto lo que ocasiona la intervención de Nur al-Din quien manda a Saladino a combatirlo.
A la muerte de Nur al-Din en 1174, Saladino se proclamó sultán de Egipto y de Siria, quien logra unificar bajo su mando toda la región, dando comienzo así, a la dinastía ayubí. Estos estaban decididos a expulsar a los cruzados de Tierra Santa.
Saladino arma un poderoso ejército y comienza a tomar diferentes lugares en la zona. Poco a poco se va acercando a la ciudad santa, hasta que, en el lugar denominado los Cuernos de Hattin el 4 de julio de 1187, sucede la batalla entre las tropas cristianas defensoras de Jerusalén y Saladino dando como resultado la derrota a los cristianos y la caída de Jerusalén.
Esto nuevamente conmocionó a Europa, “los lugares santos nuevamente han caído en manos sarracenas”. Las razones que aparecen en el ánimo de la población europea son muchas y muy variadas, por ejemplo: “Dios nos castigó”, “Dios está enojado con nosotros”, “es culpa de nuestros pecados”, etc.
La respuesta viene del Papa Gregorio VIII, quien convoca una nueva cruzada en 1189. Una de las características de esta cruzada está en que los grandes reyes europeos ya tienen suficiente poder, por lo que su participación es muy importante e intervienen en ella, siendo los más significativos de la cristiandad como: Ricardo Corazón de León de Inglaterra, Felipe II Augusto de Francia y Federico I Barbarroja del Sacro Imperio.
Una vez convenida la participación de los ejércitos cruzados, éstos deciden marchar por separado: por una parte y por tierra va Federico I Barbarroja, con un ejército enorme y, por el otro lado y por el mar, van los dos reyes.
Barba Roja, estando ya cerca de Siria, sufre un accidente y muere ahogado en el río Salef y su ejército ya no continúa y regresa. Por su parte, los ejércitos inglés y francés que llegaron por la ruta marítima a medio oriente, consiguen tomar la Ciudad de Acre el 13 de julio de 1191. Esta fecha quedó marcada en la historia de las cruzadas, pues Ricardo, tras la victoria, realizó una matanza de varios miles de prisioneros, ya que pidió un rescate por ellos y como no recibió nada a cambio, mandó asesinar a más de 3000 personas.
Por su parte el Rey Francés Felipe II, preocupado por su salud y los problemas en su tierra, decide regresar y deja a Ricardo solo al mando de la expedición. Ricardo avanza y ataca Arsuf, consiguiendo otra victoria.
Con esto, se pone a las puertas de Jerusalén, que como habíamos dicho, era el motivo de la cruzada. Ricardo ahí cambia de estrategia y en lugar de atacarla, prefirió firmar una tregua con Saladino, buscando “el libre acceso de los peregrinos desarmados a la Ciudad Santa y lo consigue”. Ambos dirigentes deciden aceptar este acuerdo atendiendo a diferentes causas. Como sea, Ricardo se retira de la zona sin tomar Jerusalén, pero considerando su objetivo cumplido, por lo que se convierte en un personaje muy famosos, apreciado y ensalzado. Para su desgracia en su regreso a Inglaterra, que lo hace por tierra, es tomado prisionero en Hungría y se tiene que pagar un rescate por él.
Saladino, por su parte, después de este convenio, fallece seis meses después. Ricardo murió en 1199, producto de una herida de flecha durante una campaña de conquista en Francia, por lo que ya no pudo regresar a conquistar Jerusalén.
Cuarta Cruzada (1202-1204): El motivo Comercial
A la muerte de Saladino en 1193, se sucedieron algunos años de relativa paz en la zona, que convirtieron el lugar en algo así como unas colonias comerciales italianas.
Pero en 1199 el Papa Inocencio III decidió emplazar a una nueva cruzada, pues estimaba que la situación que vivían los Estados Cruzados era riesgosa. Habían estado estudiando la situación y decidieron llevarla a cabo por África, es decir, El Cairo, pues lo consideraban el punto más débil de la zona. La ruta terrestre era poco factible, razón por la cual decidieron hacerla por el mar y por ello recurrieron a Venecia.
Lo que comenzó como una expedición para recuperar Jerusalén terminó siendo una tragedia para el cristianismo. Los cruzados, manipulados y convertidos en auténticos mercenarios, dominados por los intereses venecianos, desviaron la ruta hacia Constantinopla, capital del Imperio Bizantino.
Inicialmente, los cruzados fueron empleados para luchar contra los húngaros en Zadar, por lo que fueron excomulgados por el papa. Esto no les importó y se dirigieron hacia Bizancio, donde consiguieron conquistarla el 12 de abril de 1204. La saquearon y posteriormente instalaron durante 60 años el Imperio Latino.
El llamado Imperio de Nicea que quedó como el reducto Bizantino, conseguiría retomar la ciudad y restaurar el Imperio en julio de 1261. Esto le causó un daño que lo debilitó aún más. Es verdad, continuó existiendo dos siglos más, pero como una mera sombra de lo que alguna vez fue.
Esta movilización demostró que los intereses que movían a los grupos para llegar a Medio Oriente eran económicos, ya que esta decisión contribuyó a asentar un doble golpe a los Estados francos de Palestina que al quedar sin auxilio, los privó de refuerzos militares que requerían.
Por otro lado, el Imperio Latino significó para los caballeros habitantes de la zona, una aspiración que hizo emigrar a muchos de ellos, hacia el nuevo imperio, abandonando los Estados francos. Esta cruzada rompió definitivamente la unidad entre las iglesias de Oriente y Occidente.
Quinta Cruzada (1217-1221): El fracaso en Egipto
Liderada por fuerzas de Austria y Hungría, y posteriormente por el duque de Damieta.
Al rechazar una oferta musulmana de devolver Jerusalén a cambio de Damieta, los cruzados perdieron todo al final. Fue un fracaso rotundo.
La quinta cruzada fue promovida por el Papa Inocencio III, en 1213 y partió en 1218 hacia Egipto, siendo encabezada por Leopoldo VI de Austria y Andrés II de Hungría, quien llevó hacia oriente el ejército más grande en toda la historia de las cruzadas.
La campaña logró tomar inicialmente la Ciudad de Damieta, en la desembocadura del Nilo, que aseguraba la supervivencia de los Estados francos, pero se desmoronó por desorganización y desastres naturales, ya que a los cruzados les ganó la ambición e intentaron atacar El Cairo, fracasando y debiendo abandonar la zona definitivamente, concluyendo así esta cruzada.
Sexta Cruzada (1228-1229): La Cruzada de la Diplomacia
A diferencia de las anteriores, la Sexta Cruzada no fue una campaña militar en sentido estricto. La organización de la sexta cruzada fue un tanto audaz. El Papa Honorio III convocó a los fieles a esta nueva cruzada. El emperador Federico II de Hohenstaufen fue excomulgado por el papa Gregorio IX por haber retrasado su salida para asistir a la cruzada y cuando decidió ir, fue sin la autorización del Papa. Federico, recuperó Jerusalén sin luchar, ya que su estrategia fue diplomática, negoció con el sultán de Al-Kamil de Egipto (sobrino de Saladino) quien aceptó y Firmaron un tratado que devolvía Jerusalén, Belén y Nazaret a los cristianos por 10 años.
El control de Federico II sobre Jerusalén fue más simbólico y político que real. Federico II tenía varios motivos y pretensiones propias sobre el trono de Jerusalén. Este lo obtuvo al casarse con Isabel II de Jerusalén. Por ello, en vez de guerra, realizó la negociación que requería para sus intereses. Aunque sin batallas, Federico logró su objetivo de forma diplomática, su control fue breve. Él estuvo solo unos meses en el lugar y gobernó a través de sus representantes. Jerusalén volvió a manos musulmanas en 1244.
Séptima Cruzada (1248-1254): Luis IX y la prisión en Egipto
Al caer nuevamente Jerusalén en manos sarracenas (esta vez de forma definitiva), nuevamente en Europa las personas se preocuparon, lo que motivó que la Iglesia llamara a una nueva cruzada.
El Papa Inocencio IV lo hizo a través del Concilio Ecuménico Latino de Lyon de 1248. El devoto rey Luis IX de Francia, más tarde canonizado como San Luis, lideró la Séptima Cruzada con entusiasmo y devoción. Su plan fue atacar Egipto, como en la Quinta Cruzada por lo que se trasladó a Damieta (Egipto) y la tomó, pero posteriormente fue derrotado en Mansura y hecho prisionero con todo su ejército.
Fue liberado tras pagar un gran rescate, y aunque permaneció en Tierra Santa un tiempo más, su cruzada terminó en otro fracaso militar. Con ello, terminó la cruzada.
Octava Cruzada (1270): El último intento
La Octava Cruzada nació de una mezcla de fe, política y desesperación. Para 1270, la situación de los reinos cruzados en Oriente era precaria. Al mismo tiempo, el Islam parecía más unido: el sultanato mameluco de Egipto se mostraba como la principal fuerza en la región, dispuesto a erradicar definitivamente los enclaves cristianos.
Luis IX, ahora envejecido y enfermo, decidió lanzar una nueva cruzada. Esta vez, su objetivo inicial no era Tierra Santa, sino Túnez, en el norte de África. Él creía que podía convertir al sultán de Túnez al cristianismo y utilizar esa región como base para futuras campañas hacia Egipto o Jerusalén. También buscaba una acción más política: el rey deseaba proteger los intereses comerciales franceses en el Mediterráneo, presionando a Túnez como potencia regional.
Acompañado por un ejército numeroso, pero mal preparado, Luis IX desembarcó en las costas de Túnez en julio de 1270. El calor abrasador del verano africano y las aguas contaminadas hicieron estragos en las tropas. Las enfermedades, especialmente la disentería, se propagaron rápidamente.
El mismo rey cayó enfermo, y el 25 de agosto de ese año, murió.
La muerte del rey sumió a la cruzada en el caos. Pocos días después, arribó a la región su hermano, Carlos de Anjou, rey de Sicilia, quien asumió el mando. Carlos rápidamente negoció una tregua con el sultán de Túnez, obteniendo algunas concesiones comerciales y libertades para los cristianos en la región. Sin embargo, la cruzada había perdido su propósito.
Las tropas francesas regresaron a Europa sin haber librado una gran batalla ni haber alcanzado Tierra Santa.
Aunque la Octava Cruzada fue un fracaso militar, su impacto simbólico fue considerable. La muerte de Luis IX fue vista como la de un mártir. Su canonización llegó tan solo 27 años después, en 1297, por el papa Bonifacio VIII.
La Octava Cruzada también marcó un punto de inflexión: fue la última cruzada organizada por un rey europeo en vida. Las posteriores, como la Novena, liderada por el futuro Eduardo I de Inglaterra, fueron más breves, dispersas y con menos apoyo popular. El espíritu cruzado se apagaba, sustituido por nuevas formas de poder, comercio e influencia.
El sueño de recuperar Jerusalén, tan ardientemente perseguido por generaciones, quedaba atrás.
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Después de esta larga narrativa nos preguntamos ¿dónde están los ganadores y dónde los perdedores? Vamos a concluir que, tanto Venecia como Génova, mantuvieron el control comercial de las rutas marítimas del mediterráneo y éstas sucumbieron una vez que fue descubierta América por los europeos y que con sus riquezas desplazaron el centro de comercio y financiero del mundo hacia España y Portugal, inicialmente, y posteriormente a Inglaterra, Francia y Holanda.
Había llegado el Capitalismo abiertamente al mundo, razón por la cual cambiaron los intereses económicos, políticos e ideológicos de las clases dominantes que ahora se fundamentaban en el liberalismo y, entonces, la Iglesia Católica y La Ortodoxa quedaban relegadas en un segundo plano. Sí, compañeros, las cruzadas no significaron otra cosa que el despertar del capitalismo como motor del mundo.





