¿Tiene futuro la clase obrera, hoy en México en pleno siglo XXI?

Las formas de contratación como la temporal o el trabajo a distancia nulifican la posibilidad de organizarse sindicalmente, por parte de los trabajadores que se incorporan a la actividad productiva...

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por José Refugio Torres Nava

“Entendiendo por proletariado al grupo social compuesto por trabajadores asalariados que al no poseer medios de producción propios (fábricas, maquinaria, o capital), venden su fuerza de trabajo (física o intelectual), a cambio de un salario”.

Una premisa necesaria para romper con lo anterior, es: —el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante—; esto es, obtener el poder económico, político y social.

Para dar respuesta a la interrogante aquí planteada, se hace necesario establecer un referente en donde sí fue posible que la clase obrera tomara el poder y le mostrara al mundo que otro modelo económico es posible, y esto aconteció en la Rusia zarista, uno de los países más atrasados económicamente, pero además devastado por años de guerra y asediado por el imperialismo; debemos preguntarnos por qué fue posible la hazaña lograda, y la respuesta está en los 3 factores con que se contó:

1) Por una parte, por la organización de los soviets (consejos o comités) de obreros y soldados, formados desde la primera revolución del 13 de octubre de 1905 como asamblea de trabajadores y comités de huelga en las fábricas, para coordinar la lucha contra la autocracia zarista; y posteriormente en 1917 resurgieron con más fuerza, convirtiéndose en asambleas de obreros, soldados y campesinos, que articularon el poder popular contra el gobierno provisional;

2) Pero también por contar con un partido político de Vanguardia que abraza las causas proletarias y dirige al proletariado, unifica las luchas locales en una lucha nacional y maneja la táctica y estrategia para tomar el poder, y

3) La Revolución y la toma de los medios de producción: La conquista del poder político mediante una revolución que destruya la maquinaria estatal burguesa.

Estas condiciones hicieron posible crear un estado proletario con un sistema centralizado, planificado y dirigido por el propio estado soviético; que, con la implementación de los planes quinquenales, —logró un desarrollo económico acelerado en menos de dos décadas—, obteniendo un crecimiento industrial anual con tasas entre 12 y 13 %.

Pero ¿por qué fue posible dicho crecimiento? Si partimos del principio de que el único generador de riqueza es el trabajador, y al ser el estado proletario el concentrador de los excedentes, esto hizo posible dicho crecimiento.

Los beneficios para la clase trabajadora, producto de ese crecimiento económico, fueron la creación de empleos dignos, con mayores salarios y mejor calidad de vida.

Pero ¿qué tenemos para occidente? Ya lo decía John Reed en su libro “Diez días que estremecieron el mundo”: —La clase obrera norteamericana es políticamente la clase obrera más ignorante del mundo. Cree lo que lee en la prensa capitalista—.

Los antecedentes organizativos de la clase obrera en México, por desgracia son contrarios a los implementados en Rusia; tomando en cuenta que la organización obrera estuvo regida por dos corrientes ideológicas de pensamiento: Una por el socialismo científico (marxista) y otra por el anarquismo; siendo el primero el aplicado en Rusia y el segundo el que emigró a América, teniendo sus antecedentes en México “con la llegada por el año 1861 de Plotino Rhodakanaty, quien tuvo una enorme influencia durante 3 décadas (1860, 1870 y 1880), en la emergente clase obrera urbana”; y posteriormente con el traslado a México de algunos de los anarquistas asentados en los EE.UU., más concretamente en Chicago y Nueva York.

El anarquismo fue la corriente ideológica dominante en el movimiento obrero mexicano desde finales del siglo XIX hasta la Revolución Mexicana; ¿pero qué es el anarquismo?, “El anarquismo es una filosofía política y social que busca la abolición del Estado, del capitalismo y de cualquier forma de autoridad o jerarquía impuesta, promoviendo la autogestión, y la libertad individual y la igualdad”. A diferencia del Marxismo busca la destrucción del Estado sin pasar por la “dictadura del proletariado” (el estado proletario o socialista).

Después de esa etapa en donde predominó el principio ideológico anarquista, en la organización sindical, que no logró consolidar nada, se pasó al corporativismo sindical que hasta la fecha predomina, en donde se da el amasiato entre los sindicatos y el Estado, convirtiéndose los primeros en convalidadores del poder a cambio de dádivas económicas para sus agremiados, en el mejor de los casos, o en el peor, para justificar la falta de estas.

Cuán lejos se está, de las formas implementadas por los trabajadores rusos para tomar el poder; pero hay más, en la actualidad los sindicatos existentes están enfrentando la pulverización de sus agremiados al abrirse la opción de la formación de nuevos sindicatos, en empresas o instituciones que ya tienen uno. Pero también las nuevas formas de contratación cuentan, como la temporal o el trabajo a distancia, las cuales nulifican la posibilidad de organizarse sindicalmente, por parte de los trabajadores que se incorporan a la actividad productiva.

Por lo tanto, el futuro de la clase obrera mexicana en pleno siglo XXI, sin pretender ser catastrofista, se vislumbra poco promisorio, dado que hay evidencias que abonan para que se mantenga esa percepción, por ejemplo:

1. La falta de un partido político de vanguardia, que aglutine y encause las demandas sindicales de los trabajadores.

2. La falta de identidad de clase de los trabajadores, para asumirse como asalariados y ver la necesidad de organizarse y luchar por mejores condiciones de vida, y

3. Los vicios acumulados de los dirigentes sindicales, de no capacitar y formar política e ideológicamente a sus representados (muchas veces por conveniencia propia), descansando su responsabilidad en solo dar la lucha en la parte económica; y muchas veces ni en eso.

De esta manera, y con este panorama, poco se puede esperar en la actualidad del sindicalismo existente en México.

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