¿Puede haber igualdad de hombres y mujeres en un sistema de desiguales?

No es posible demandar igualdad en un sistema de desiguales. En el orden social capitalista no hay igualdad para hombres y mujeres, tampoco para actividades profesionales y laborales, ni mucho menos salariales.

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por Antonio Tovar León

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) comenzó a conmemorar el Día Internacional de la Mujer en 1975 y, dos años más tarde, su asamblea proclamó oficialmente el 8 de marzo como el día de su conmemoración.

No obstante, lo anterior, para entender por qué se eligió el 8 de marzo es necesario remontarse a las protestas de las mujeres trabajadoras de finales del siglo XIX y principios del siglo XX en un mundo industrializado, en el que las mujeres arrastraban una vida de limitaciones: no tenían derecho al voto, tampoco a manejar sus propias cuentas, ni a una formación educativa y con una esperanza de vida mucho menor que la masculina por los partos y los malos tratos.

Entre las luchas de las mujeres, por sus derechos laborales y políticos, podemos mencionar las siguientes:

  • Las estadounidenses Elizabeth Candy Stanton y Lucretia Mott congregaron a cientos de personas en la primera Convención Nacional por los Derechos de las Mujeres en Estados Unidos. Para ellas, “todos los hombres y las mujeres son creados iguales”, y por eso exigían derechos civiles, sociales, políticos y religiosos para el colectivo.
  • La marcha de unas 15000 mujeres que se llevó a cabo en 1908 en Nueva York, para demandar menos horas de trabajo, mejores salarios y derecho a votar.
  • En 1909, el Partido Socialista de Estados Unidos declaró el Día Internacional de la Mujer, el cual se celebró por primera vez el 28 de febrero de ese año, continuando su celebración cada año hasta 1913.
  • Para 1910, la comunista alemana Clara Zetkin, en la Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Copenhague, propuso organizar una jornada de la mujer a nivel global para discutir particularmente el tema del sufragio femenino.
  • Un año después, el 19 de marzo de 1911, se celebró el primer Día Internacional de la Mujer, reuniendo a más de un millón de personas en distintos países europeos como Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza, además de Estados Unidos. Entre las principales demandas se mencionan: el derecho al voto y a ocupar cargos públicos; el derecho al trabajo de las mujeres, a la formación profesional y a la no discriminación laboral.

En el marco de los movimientos en pro de la paz que surgieron en vísperas de la primera guerra mundial, se organizaron mítines de mujeres en Europa y Rusia en favor de los derechos de las mujeres y contra la guerra.

Pero el año clave fue 1917. Como reacción a los millones de soldados rusos muertos, las mujeres de ese país salieron de nuevo a las calles el domingo 23 de febrero, del calendario juliano, bajo el lema “Pan y paz”.

Ese día correspondía al 8 de marzo del calendario gregoriano, fecha en la que ahora se conmemora el Día Internacional de la Mujer.

A más de un siglo de luchas de las mujeres por sus derechos la pregunta obligada es ¿existen razones para continuar la lucha? La respuesta afirmativa que se da a esta interrogante se fundamenta en datos publicados por la ONU:

  • “Ha crecido el número de mujeres que viven en contextos de conflicto y crisis.
  • “Casi un 10% de las mujeres y niñas del mundo siguen sumidas en la pobreza extrema.
  • “En alrededor de 110 países, la jefatura del Estado nunca ha estado ocupada por una mujer.
  • “La crisis mundial de violencia contra las mujeres y niñas continúa. Alrededor de 736 millones de mujeres han sufrido violencia física o sexual a manos de una pareja o violencia sexual por parte de alguien más en algún momento de sus vidas”.

En la actualidad, la emancipación de las mujeres sigue siendo una consigna de la mayoría de los movimientos de lucha de las mujeres, además de ser uno de los principales elementos de movilizaciones de mujeres activistas pese a que, si no todas, sí un número considerable de mujeres ya ha incursionado en campos y actividades del quehacer humano que antes estaban vedadas para ellas, tales como: la medicina, la arquitectura, la filosofía, la política; en deportes que eran exclusivos del hombre como el box, la lucha libre, el fútbol, los toros; en trabajos como la conducción de unidades de transporte público, pilotear aeronaves militares, etcétera.

El hecho de que un número considerable de mujeres sigan luchando por su liberación, en las sociedades contemporáneas, cuando ya se tienen derechos de los que se carecían en el pasado, es signo inequívoco de que muchas mujeres aún se sienten oprimidas y excluidas, es la confesión de que las mujeres no han logrado plenamente su liberación en la actualidad.

Ante esta situación es necesario analizar si la condición de la mujer, en la sociedad, ha sido siempre la misma a lo largo de toda la historia humana, o, por el contrario, su posición ha sido diferente, y si este fuera el caso, ¿qué fue lo que determinó que la posición de la mujer cambiara en la sociedad?

Para poder responder a la pregunta anterior es necesario analizar, aunque sea de manera breve, el funcionamiento y desarrollo de la comunidad primitiva, así como las diversas actividades económicas en las que se desenvolvían hombres y mujeres. Esto con la finalidad de poder determinar qué tanto fue factor decisivo lo económico para fijar la posición del hombre y la mujer en la sociedad.

Las investigaciones del antropólogo e historiador norteamericano Lewis Henry Morgan y del historiador y jurisconsulto suizo, Johann Jakob Bachofen, citados en la obra de Federico Engels –“El Origen de la Familia, la Propiedad privada y el Estado”–demuestran que la posición de las mujeres en la comunidad de cazadores y recolectores, fue muy privilegiada, a grado tal que fueron, precisamente las mujeres, las que llevaban la dirección de la casa (de la domus).

En la comunidad primitiva, una sociedad de cazadores y recolectores, prevalecía la organización gentilicia, en la que no existió la propiedad privada sobre los medios de producción y, por tanto, tampoco el “Estado”. En estas sociedades las mujeres se quedaban en el hogar, al cuidado de los niños y la preparación de los alimentos; en tanto que los hombres iban a la guerra y procuraban las materias para los alimentos.

Habitualmente, las mujeres gobernaban en la casa, y pobre del marido o amante que fuera demasiado torpe u holgazán para aportar las provisiones, ya que podía ser echado del hogar… El reconocimiento de los hijos se daba por vía materna, se sabía quién era la madre no quien era el padre; en estas sociedades jamás se ejerció violencia contra las mujeres…

Pero el mundo primitivo no prevaleció, éste cambió cuando los hombres aprendieron a domesticar los animales y a cultivar las plantas. Estas actividades, además de generar un excedente, destinado al intercambio, los liberó del tiempo, lo que les permitió perfeccionar y modificar sus instrumentos de trabajo para que más adelante surgieran los oficios y el comercio. Es así como algunos hombres empezaron a acumular riqueza en ganado y tierras y todo aquello que pudieran adquirir con el intercambio. Sintetizando, el trabajo del hombre a partir de ese momento se valoró más porque generaba riqueza y no así el trabajo de la mujer.

El trabajo de la mujer en el hogar antes le había asegurado su superioridad frente al hombre, luego, con los cambios económicos mencionados, los hombres asumieron la autoridad en el hogar.

Esto demuestra ya que la emancipación de la mujer y su igualdad con el hombre son y seguirán siendo imposibles mientras permanezca excluida del trabajo productivo social y confinada dentro del trabajo doméstico, que es un trabajo privado” —F. Engels.

Desde entonces, a lo largo de toda la civilización, desde el esclavismo, pasando por el feudalismo, hasta el capitalismo, la mujer fue relegada a un segundo puesto. Pero es, precisamente, en el capitalismo, con la gran industria, que se le abren las puertas a las mujeres para que se incorporen de manera masiva a las actividades económicas sociales, pues la gran industria no solo permite el trabajo de la mujer sino que lo exige. Además, las actividades del hogar, el cuidado de los niños y la preparación de los alimentos, que en el pasado fueron una industria privada, ahora, en el capitalismo se convierten en una industria pública.

Si en la comunidad primitiva jamás se ejerció violencia sobre la mujer, en la actual sociedad capitalista, con todos los derechos y la “democracia” que existen en ella, es cuando más violencia se ejerce sobre la mujer.

Aunque debemos decir que la violencia ha estado presente sobre hombres y mujeres a lo largo de toda la civilización.

En todas las sociedades divididas en clases sociales, la violencia se da no solo de una persona a otra, sino también de una clase social sobre otra, de una nación a otra nación.

En la actualidad, año con año, el 8 de marzo, vemos la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, en la que las mujeres centran sus protestas en exigir el fin de la violencia de género, castigo a los feminicidas y la igualdad de derechos, con las frases más coreadas:

“¡Vivas se las llevaron, vivas las queremos!” “¡Ni una más, ni una más! ¡Ni una asesinada más!”, “El Estado opresor es un macho violador”; ¡Tiemblen, y tiemblen los machistas! ¡Que América Latina será toda feminista!; ¡Abajo el patriarcado, se va a caer, se va a caer! ¡Arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer!

Desde luego que la lucha de las mujeres por su emancipación es loable, al igual que la de los maestros, los médicos, los estudiantes, los campesinos, etcétera. Pero estas luchas están fragmentadas, no están dirigidas contra el enemigo común, contra el orden social capitalista, que es el que genera todos los males y que afectan a la mayoría de la población, sobre todo a los más pobres, a unos más que a otros, pero a todos afecta.

Las preguntas obligadas frente a estas manifestaciones son: ¿Es posible la emancipación de la mujer en el orden social capitalista? ¿Es posible demandar la igualdad de las mujeres y de los hombres en un sistema de desiguales?

La respuesta que damos a estas interrogantes es que no es posible demandar igualdad en un sistema de desiguales. En el orden social capitalista no hay igualdad para hombres y mujeres, tampoco para actividades profesionales y laborales, ni mucho menos salariales.

Los salarios de los trabajadores y de los profesionistas son diferentes y no están en función de la importancia del trabajo ni de la capacidad, sino por lo mínimo que los asalariados necesitan para recuperen su fuerza de trabajo, y el de los profesionistas por cuanto le den a ganar a los empresarios. [1]

Si comparamos los salarios de las y los médicos, del sector público, (alrededor de $30.000 mensuales) con los de un futbolista mediano (alrededor de $350.000 semanales) podemos darnos cuentas que es más valorado el trabajo del futbolista, a pesar de que la labor de los médicos es más importante al procurar curar las enfermedades y salvar vidas.

¿Por qué existe esta gran diferencia salarial? Por la sencilla razón que la actividad de las y los médicos no generar dinero, en cambio, los jugadores de futbol ingresan millones de pesos a los dueños de los clubes, a las televisoras, y a la mercadotecnia en general.

Lo que debemos entender es que vivimos en una sociedad capitalista y esta se mueve en función de la ganancia de la burguesía, aunque para ello tenga que aplastar y someter a los trabajadore, apropiarse de los recursos naturales de los pueblos pobres, mediante la amenaza y la guerra, violando las propias leyes del orden burgués.

Para lograr la emancipación de la mujer, así como de otros sectores de la sociedad, sobre todo de los más vulnerables, se requiere y se hace necesaria la emancipación de la sociedad en su conjunto, y esta no es obra exclusiva de las mujeres, sino de las y los trabajadores. Pues son las y los trabajadores los que generaran la riqueza de una sociedad, son el corazón de una nación, los que con su actividad también contribuyen al progreso social y por tanto tienen todo el derecho, natural y legítimo, de disfrutar de la riqueza que ellos mismos generan, así como de beneficiarse del progreso social, esta es la razón principal de porqué los trabajadores son la vanguardia llamada a liberar a la sociedad en su conjunto, esa es la misión histórica de los asalariados.

El objetivo último, de la lucha de las y los trabajadores, es la emancipación del hombre y la mujer, para que crezcan y se desarrollen plenamente, y la construcción del socialismo es la condición básica y necesaria para el logro del objetivo.

Febrero 24 de 2026

[1] En el fútbol, el deporte más masivo en el mundo, recientemente se enfrentaron (el 3 y 11 de febrero, 2026) el América de México contra el Olimpia de Honduras . Los resultados fueron: en Honduras el América ganó 2 a 1, y en México empataron a cero; con lo que se deduce que en el rendimiento deportivo no hay mucha diferencia, están a la par. Sin embargo, en el valor de la plantilla hay una enorme diferencia. El América tiene un valor de 87.95 millones de euros, mientras que el Olimpia vale 5.20 millones de euros. Además, un solo jugador del América, Alejandro Zendeja, vale más que todo el equipo de Olimpia, pues su valor es de 8,50 millones de euros. Lo que determina el valor de una plantilla y los salarios de los jugadores no está en función de su capacidad, sino en cuánto dinero ingresan a los propietarios de los clubes deportivos, a las televisoras y a la mercadotecnia en general.

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