La transformación de la clase obrera en el siglo XXI: ¿una traición o un diseño perverso?

En los países industrializados, la clase obrera protagonizó procesos de organización sindical, luchas políticas y, en algunos casos, revoluciones que demostraban su condición transformadora y su poder como vanguardia.

¡Comparte este contenido!


por Luis de Luna Mendieta

El presente trabajo analiza desde una perspectiva de la Lucha de Clases la transformación histórica que ha sufrido la clase obrera en los países capitalistas desarrollados.

Este análisis nos parece sumamente importante, ya que en el contexto global actual se han creado mitos que nos han hecho creer que son verdaderos, como: que el proletariado tiende desaparecer, debido a que la sociedad se ha transformado, ha evolucionado al grado de que ha podido entender que una sociedad moderna deberá estar basada en el esfuerzo individual; en el respeto irrestricto a la propiedad privada, misma que se convierte, en su único eje del cambio; en el hecho de entender que el único camino es integrarnos a la revolución tecnológica, que diariamente evoluciona y nos genera herramientas útiles (sin anteponer la visión social), pero además, en la necesidad de prepararnos para competir en este universo de oportunidades que nos ha de llevar al éxito.

Se argumenta que la supuesta Lucha de Clases ha sido superada en los países capitalistas desarrollados y que los obreros se han integrado al sistema como un factor más dentro del proceso productivo, en donde el único camino para encontrar las mejores condiciones de vida es a través del diálogo y el consenso. Según esto, es la evolución, la vía para conseguir la armonía y el crecimiento de la humanidad.

Aquí conviene preguntarnos ¿esto será verdad?, porque hoy vemos a los obreros de los países desarrollados menos encendidos, menos demandantes, menos combativos y ¡sí! más conciliadores con el capital.

¿Como explicarnos este fenómeno? Para entenderlo, debemos profundizar que el debilitamiento del potencial revolucionario del proletariado en esos países, ¡no se puede concebir como un simple convencimiento de las bondades del sistema!, sino como resultado de procesos estructurales diseñados por el imperialismo para imponerlo.

Para ello, han ideado nuevas formas que representan una reconfiguración global de la producción, en donde la generación de plusvalía cambia y se vuelve más efectiva, desplazándose hacia los países periféricos (tercermundistas o pobres), alterando la composición, conciencia y práctica política de la clase trabajadora en el siglo XXI.

Recordemos que La teoría marxista asigna al proletariado un papel central como sujeto revolucionario en el desarrollo histórico del capitalismo, además de significar el factor central para afectar la contradicción entre capital y trabajo. Este motor de transformación social de la clase obrera, como agente único, destinado a descabezar el sistema capitalista, no ha cambiado, ni puede cambiar, mientras exista este sistema despótico.

Ahora, la evolución histórica del capitalismo ha generado transformaciones profundas en la estructura y comportamiento en el sistema, desarrollando novedosos mecanismos objetivos y subjetivos para lograrlo.

Recordemos que durante el siglo XX, especialmente en los países industrializados, la clase obrera protagonizó procesos de organización sindical, luchas políticas y, en algunos casos, revoluciones que demostraban su condición transformadora y su poder como vanguardia. Esto no fue una ilusión, sino una realidad, que dejó testimonios irrefutables.

No obstante, en el siglo XXI, los trabajadores de los países desarrollados han cambiado su actitud. ¿Qué acaso fueron domesticados o seducidos? Ahora, esa poderosa fuerza revolucionaria se inclina hacia formas de negociación institucional o incluso hacia posiciones conservadoras. La explicación crítica que encontramos es que este fenómeno está profundamente ligado a la dinámica del imperialismo y a la redistribución global de la explotación.

Para comprender la importancia de la clase obrera es necesario recordar la razón por la que esta constituye la base de la explotación capitalista y de ahí partir. Recordemos la teoría de la plusvalía desarrollada por Karl Marx que decía, “que el valor en el capitalismo se genera en el proceso productivo a través del trabajo humano”. La plusvalía surge cuando el trabajador produce un valor superior al equivalente de su salario, siendo esta diferencia apropiada por el capitalista. Por lo tanto: la explotación es inherente al capitalismo, independientemente del nivel salarial o de la posición que ocupes en el proceso productivo. Es por ese solo hecho que el proletariado es la única clase que puede transformar el sistema capitalista.

En el capitalismo industrial del Siglo XX este proceso se concentraba en las fábricas de los países desarrollados, lo que le daba a esa fuerza obrera las condiciones necesarias para producir el cambio. Sin embargo, esta geografía ha cambiado significativamente.

No debemos de perder de vista que estamos viviendo en el capitalismo, pero en su fase conocida como “El Imperialismo”, concepto desarrollado por Lenin en El imperialismo, fase superior del capitalismo, lo que resulta fundamental para comprender la evolución del sistema capitalista, el cual no es estático.

Lenin define el imperialismo como una etapa caracterizada por: la concentración del capital en monopolios. Lo que significa, la fusión del capital bancario e industrial, creando el capital financiero, mismo que se va a convertir en el determinante, siendo este momento exactamente el que estamos viviendo.

Por este motivose vuelve indispensable la exportación de capital hacia regiones menos desarrolladas del mundo, en donde encontrarán mejores condiciones de rentabilidad. Todo esto complementado por la explotación de las materias primas, que tienen los países no desarrollados en su territorio. Recordemos que el Capital no tiene nacionalidad ni fronteras, por lo que los países imperialistas hacen un acomodo del mundo entre ellos como les conviene.

En este contexto, las economías de esas potencias centrales obtienen superganancias explotandola fuerza de trabajo barata de esos países periféricos, así como controlando los recursos naturales en su beneficio. Recordemos que el único freno que había para evitarlo era la presencia del Bloque Socialista, pero una vez afectado, el campo se convirtió en libre para sus intereses.

Debemos por esto detenernos en analizarlo utilizando dos conceptos que nos van a permitir comprender, con mayor claridad, los motivos por los que se ha transformado la actividad revolucionaria de los asalariados en los países desarrollados. Uno de ellos es El Capitalismo Monopolista de Estado, bajo este concepto el capitalismo se describe —como una fase caracterizada por la creciente concentración del capital y la articulación orgánica entre grandes corporaciones y el aparato estatal, las que interactúan en una sociedad, en favor de los intereses de las empresas internacionales, con el apoyo de las empresas nacionales y el Estado—.

Es importante remarcar que El Estado, como ente, constituye una herramienta al servicio de la clase dominante y que lejos de actuar como árbitro neutral, interviene activamente para garantizar la reproducción ampliada del capital, especialmente en su forma más concentrada.

Como podemos apreciar, estas acciones no son producto de ocurrencias momentáneas, sino de la instrumentación perfectamente planeada que requiere el capital para seguir funcionando.

Ahora bien, en este contexto que nos encontramos en este momento histórico de explotación sin medida, nos podemos explicar la llegada y presencia del Neoliberalismo en el mundo, que es el otro concepto que habíamos anticipado. Ya sin contraparte real y utilizando la globalización como mecanismo y el control financiero como la herramienta de imposición dictada por ellos, el abuso y la codicia se vuelven incontenibles. Por lo que el neoliberalismo implica, en realidad, una reorientación selectiva del Estado que se retrae en el ámbito social mientras se fortalece en aquellas funciones esenciales para la acumulación de capital de los años 80’s.

Uno de los cambios más significativos del capitalismo del Siglo XXI es la reorganización global de la producción.

Es precisamente a finales del siglo XX, cuando en el mundo se empiezan a implantar estas medidas, producto como ya dijimos, de la caída de la URSS. Con desenfreno las empresas transnacionales empiezan a trasladar gran parte de su producción hacia países con menores costos laborales. Este proceso da lugar a las llamadas cadenas globales de valor, seleccionando regiones clave como: América Latina, África y Asia, en dondeubican esta función, del trabajo productivo (generador de plusvalía), en condiciones ideales para ellos. Si a esto le sumamos que en los países centrales capturan valor a través de: imponer su control tecnológico, cobrar la propiedad intelectual y, sobre todo, el control de los flujos financieros globales de los países satélites, el dominio se hace total y férreo.

Por este motivo, la reconfiguración global de la producción ha tenido profundas consecuencias para la clase trabajadora en los países desarrollados. Es verdad que en los países centrales (imperialistas) se produce por este motivo una desindustrialización que implica pérdida de empleo industrial, debilitando las bases tradicionales del sindicalismo, ya que habrá una menor concentración de trabajadores sindicalizados, provocando una disminución en la Identidad de Clase de sus integrantes. Ahora, esta mano de obra se orienta hacia los servicios, provocando que haya mayor dispersión geográfica del trabajo.

Así, el auge del sector servicios provoca el trabajo precario y como ejemplo de ello tenemos: la economía digital, que ha producido empleos menos estables lo que dificulta “la organización colectiva de esa fuerza de trabajo” y, lo más importante, la individualización de las relaciones laborales.

Por este motivo muchos sindicatos han pasado de ser organizaciones de lucha en actores institucionales que negocian dentro del sistema, lo que limita su capacidad transformadora.

Esto quiere decir para nuestro análisis que el movimiento obrero en esos países desarrollados ha caído en un laberinto multicausal formado por: una aristocracia obrera sin conciencia de clase, una deslocalización productiva y fragmentación laboral, lo que contribuye al debilitamiento del potencial revolucionario de los sindicatos en los países desarrollados.

El desarrollo del concepto de la aristocracia obrera, es algo que aporta Lenin y que permite explicar la diferenciación interna del proletariado.

Lenin decía que una parte de las superganancias obtenidas en el sistema imperialista es utilizada para mejorar las condiciones de ciertos sectores de la clase trabajadora de los países opresores. Esto da lugar a una capa proletaria que, aunque sigue siendo explotada, goza de beneficios tangibles como: salarios comparativamente altos, estabilidad laboral, acceso al consumo masivo, derechos laborales consolidados, etc. Esta capa se convierte en un factor de servicio y estabilización del sistema.

Como es de suponer, esta actitud del sindicalismo obrero en esos países trae también consecuencias ideológicas y políticas que son manifiestas como: tiende a desarrollar el reformismo en su lucha, que se convierte en reivindicacionista. Además de buscar una Identificación con intereses y valores nacionales, que ahora se vuelven fundamentales por encima de los de Clase, así como apoyo a políticas imperialistas (directa o indirectamente y también de manera consciente o no).

Sin embargo, es importante subrayar que aun con esta falta de Conciencia de Clase: la explotación no ha desaparecido en esos países, tampoco las contradicciones que el sistema encierra; las luchas sociales continúan a pesar de esta figura de distracción que ha diseñado la ideología capitalista para alienar a la sociedad.

Debemos de estar conscientes que el Capitalismo como sistema ha desarrollado nuevas formas de acumulación, de orden ideológico y también de carácter político, las cuales sirven para afianzar su dominación económica, política e Ideológica. Estas formas se traducen en mejores condiciones de vida para esos países capitalistas, quienes son usufructuarios del plusvalor generado en los países periféricos. Por este simple hecho, sus condiciones de vida y bienestar son notorias en esos países, haciendo sentir que son superiores a los nuestros.

Ahora podemos detectar que el epicentro de la lucha de clases se ha desplazado hacia los países periféricos, como el nuestro, en donde: las condiciones laborales son más duras, la explotación es más intensa, inhumana y despiadada contra los trabajadores de nuestros países.

Esto sugiere que el sujeto revolucionario potencial ya no se encuentra principalmente en el proletariado del centro, sino en los trabajadores de los países periféricos.

Las condiciones en que se pueden desarrollar estas nuevas formas de opresión en nuestros países son producto indiscutible de la imposición de los intereses de la burguesía internacional, quienes utilizan la dependencia y por lo tanto la debilidad de nuestras estructuras para que, por medio del chantaje, la corrupción, la presión financiera, etc., desarrollen escenarios propicios, los cuales están en combinación con El Estado y la burguesía nacional, que se convierten en las herramientas ad hoc (serviles, entreguistas y aspiracionistas) dispuestas a todo con tal de obtener una migaja de esa riqueza.

Por lo tanto, el movimiento obrero revolucionario contemporáneo de los países dependientes se enfrenta al desafío de reinterpretar esas nuevas formas de lucha, en un contexto globalizado y hacerlas funcionar. Requiere convertirse en la vanguardia revolucionaria del proletariado en donde la organización y conciencia política constituyan el capital político para alcanzar el Cambio.

La transformación de la clase obrera en el siglo XXI no puede entenderse como un simple proceso de apaciguamiento de la clase trabajadora más evolucionada y tecnificada, sino como el resultado de cambios estructurales en las estrategias de capitalismo global. Así que la formación de una aristocracia obrera y la descolonización productiva han alterado profundamente la geografía de la explotación y la dinámica de la lucha de clases.

Hoy sabemos, que dentro de este orden de cosas, lejos de desaparecer, las contradicciones del capitalismo se han incrementado en perjuicio de los trabajadores de estas zonas, desplazando el eje de la explotación hacia nosotros. En este sentido, el análisis marxista sigue siendo una herramienta fundamental para comprender las transformaciones contemporáneas del sistema capitalista, aunque requiere estar actualizado y enriquecido frente a las nuevas realidades del siglo XXI, pero no modificado ya que sostenemos que mientras exista el Sistema Capitalista la base de trabajo revolucionario será la misma.

Sí ,compañeros, hoy la explotación más atroz la estamos sufriendo en nuestros países, que denominan emergentes, en donde en combinación con las burguesías locales y los estados nacionales, el imperialismo ha creado una serie de estructuras que los favorecen y que además tratan de legitimar ante nuestros propios ojos, por lo que debemos organizarnos políticamente y combatirlas.

Hay que estar atentos, ya que la implementación de políticas imperialistas para quienes demandaban a gritos El Libre Mercado, solo es vigente cuando les conviene. Recordemos que, a través de privatizaciones, apertura comercial y liberalización financiera, el Estado facilitó la transferencia de recursos públicos hacia capitales privados, muchos de ellos de carácter transnacional.

Asimismo, el Estado ha desempeñado un papel central en la gestión de crisis, socializando pérdidas mediante rescates financieros, políticas de ajuste y endeudamiento externo. Instituciones como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han sido fundamentales en este proceso, no solo como agentes económicos, sino como productores de marcos ideológicos que legitiman estas transformaciones bajo nociones como “estabilidad”, “modernización” o “disciplina fiscal”.

Hoy en México hemos empezado a tomar una conciencia clara de las características de esta explotación, ya que se ha creado un gran movimiento social y político que nos ha permitido identificar las particulares formas de actuar del imperialismo y las acciones que toma en los terrenos: político, económico y, particularmente, en el ideológico para someternos.

Hoy a nosotros nos corresponde intensificar las organizaciones proletarias que nos permitan combatir el embate del imperialismo. Sí, compañeros, en México no se ha acabado el Neoliberalismo y menos aún, la explotación de los asalariados.

Si entendemos que esta nueva forma de explotación se ha asentado en nuestros países y que la riqueza de los imperialistas depende de nuestra productividad, no tenemos otro camino que organizarnos políticamente, crear una Conciencia de Clase y utilizarla como el único escudo para modificar en nuestro beneficio esta situación.

Podemos entonces concluir que la modificación de la conducta del proletariado de los países avanzados constituyó una traición a la Conciencia de Clase proletaria, pero también obedeció a una perversa manipulación de las condiciones objetivas de los intereses imperialistas que nos hacen crecer a los trabajadores de las zonas periféricas, como la nueva sangre proletaria que habrá de cambiar al mundo.

Total Page Visits: 581 - Today Page Visits: 58
¡Comparte este contenido!
Construyendo Conciencias
Construyendo Conciencias
Artículos: 188