El Accidente más grande de la Historia

En tan solo 150 años de dominación española se habían aniquilado a 65 millones de “indios”, de los 70 millones que eran originalmente...

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por Antonio Tovar León

En 1992 se cumplieron 500 años del descubrimiento del nuevo mundo, y el 12 de octubre de 1999 fue adoptado por la ONU como día simbólico para determinar el nacimiento del habitante de la tierra 6 mil millones.

En la actualidad el 12 de octubre aparece, oficialmente, en el calendario mexicano como el día de la raza, por las ideas que sostienen quienes afirman que el descubrimiento de América acercó a dos mundos, es decir, se refieren a ese acontecimiento como el encuentro de dos culturas, de dos civilizaciones. Sin embargo, también hay muchos cuestionamientos acerca de ese “encuentro”, pues tal encuentro trajo consigo una guerra de conquista contra los pueblos de América y finalmente su sometimiento.

Es importante reflexionar sobre el descubrimiento y la conquista de América, por lo que significó y las consecuencias que acarreó, dado que al descubrimiento siguió la conquista de los pueblos naturales de las islas del Caribe y tierra firme del continente, para luego colonizar las tierras conquistadas. También debemos decir que para algunas tesis no fue un descubrimiento, sino una invención de América. Lo que sí podemos afirmar es que dicho acontecimiento fue el accidente más grande de la historia, y alguien podría preguntar: ¿por qué accidente? Por la sencilla razón de que Colón no pretendía descubrir un continente, sino encontrar una ruta comercial más corta que lo llevara a las Indias y a Sipango (Japón).

Para entender por qué Colón buscaba una ruta más corta hacia las “Indias” es necesario hacer una reseña de las condiciones socioeconómicas en las que se da ese acontecimiento.

El desarrollo de las fuerzas productivas, al seno mismo del feudalismo, por los capitalistas, desembocarían en un movimiento intelectual y artístico en Europa desde el siglo XV, el cual tuvo sus orígenes en Italia pero rápidamente se extendió a toda Europa. Sus principales manifestaciones fueron: el desarrollo de las literaturas nacionales y el florecimiento de las artes, tomando como modelo a los autores y artistas grecolatinos; la renovación de la investigación científica; los grandes descubrimientos geográficos; la constitución de las monarquías absolutas; y, la emancipación religiosa que desembocaría en la Reforma de Lutero. Este movimiento llamado Renacimiento, empezó a eclipsar el poder de la Iglesia, institución que dominó a lo largo de mil años la edad media. Y al seno mismo del feudalismo emergía la clase social que pondría fin a los privilegios de la aristocracia: la Burguesía. Esto desde luego con el apoyo del pueblo, pues sin el concurso de las masas trabajadoras del campo y la ciudad, la victoria de la burguesía sobre el feudalismo no hubiera sido posible.

Si el mundo antiguo había desaparecido con la caída del imperio romano de occidente, la edad media terminó con la caída del imperio romano de oriente. Al caer Constantinopla, capital del imperio romano de oriente, en manos de los turcos-otomanos, la ruta comercial hacia el Asia quedó cerrada.

¿Por qué los europeos buscaban nuevas rutas comerciales? La antigua ruta comercial de Europa y Asia se hacía a través de dos vías: la de Génova, que pasaba por Constantinopla, y la de Venecia, que pasaba por Alejandría. Estas dos repúblicas italianas tenían el monopolio del comercio con Oriente, pero cuando Constantinopla cae en las manos de los turcos-otomanos en 1453, esta ruta, prácticamente, quedó cerrada. Esto fue lo que impulsó a los europeos a buscar nuevas rutas oceánicas, una de las cuales era la que se hacía rodeando la costa del África, la cual era bastante larga. Cristóbal Colón, un marinero Genovés, con un espíritu aventurero, emprendió la empresa de encontrar una ruta más corta que lo llevaría a las tierras descritas por Marco Polo, y como Colón ya tenía la creencia de que el mundo era redondo –idea que en aquella época no era muy aceptada- pensaba que si viajaba en una sola dirección llegaría a las Indias, lo cual hubiera sido posible si no existiera América.

El limitado conocimiento que Colón poseía sobre la dimensión de la tierra, le impidió percatarse que se encontraba frente a un continente, desconocido para los europeos. Pero cuando llega a España la noticia de la existencia de tierras descubiertas, se preparan las expediciones para la conquista y colonización de las mismas. Y aquí cabe hacer un paréntesis para ver cuál fue el papel que desempeñó la Iglesia Católica en esta empresa: la Bula (decreto) del Papa Alejandro VI (1493), que dicho sea de paso era español, entregaba a la corona de España todas las tierras que se descubrieran al occidente de las islas Azores, y para la no menos católica corona portuguesa las tierras descubiertas al oriente.

Una vez consumada la conquista de las civilizaciones mesoamericanas, se impuso a éstas un sistema económico: la encomienda, la cual tenía por base la repartición de tierra con todo y personas para los españoles. Este sistema le garantizaba a la corona española la extracción de los metales preciosos y el saqueo de las riquezas naturales mediante la explotación del trabajo de la población “indígena”.

Miles y miles de “indios” del Caribe y tierra firme murieron a causa de los trabajos forzados a los que fueron sometidos, y en tan solo 150 años de dominación española se habían aniquilado a 65 millones de “indios”, de los 70 millones que eran originalmente, fue entonces cuando inicia el comercio triangular para traer a América esclavos del África y así poder continuar con la explotación y el saqueo de las riquezas naturales del continente. Treinta y cinco millones de libras de plata pura llegaron a Europa. En toda la historia de la humanidad nunca de había acumulado tanto dinero en tan poco tiempo: tres veces más del que poseían todos los países de Europa juntos. El oro del Perú, así como la plata de México y del Potosí sirvieron para que los países europeos alcanzaran el nivel que actualmente tienen de Estados ricos del primer mundo.

Después de tres siglos de dominación española, que significaron 300 años de explotación, sometimiento y aniquilamiento de gran parte de la población, aún continúa el despojo, la explotación y el saqueo de las riquezas naturales de los países de América, ya no por las potencias Europeas, pero sí por el imperialismo norteamericano y sus aliados: los gobiernos títeres del imperialismo.

En el caso de México, a lo largo de toda su historia, desde la independencia hasta nuestros días, siempre ha habido personajes a quienes les ha tocado, y han querido, jugar el papel de traidores a la patria: como Antonio López de Santa Anna, quien le vendió a los gringos más de la mitad de nuestro territorio nacional; Porfirio Díaz, quien puso en bandeja de plata la explotación de los recursos naturales a favor del capital extranjero. Los últimos gobiernos, de corte neoliberal, priistas y panistas, imitando a sus “abuelos” apátridas, han simplificado los trámites administrativos y han modificado el marco legal a través una serie de “contrarreformas” para facilitarle al capital nacional y extranjero la apropiación de las empresas públicas y la explotación de los recursos naturales, todo esto en perjuicio del país y la nación.

Es deber de nosotros, el pueblo mexicano, dar la lucha organizada para recuperar los recursos naturales y empresas públicas que los gobiernos neoliberales han entregado al capital privado, sobre todo extranjero. No podemos permanecer indiferentes ante las políticas neoliberales con las cuales los gobiernos –desde Miguel de la Madrid hasta el actual gobierno de Peña Nieto- han hipotecado el país y con ello le han cancelado el porvenir a las futuras generaciones.

Debemos combatir el neoliberalismo, que no es otra cosa que una corriente económica, la cual se ha instaurado de manera hegemónica en el mundo, imponiendo la “ley del mercado” y concentrando la riqueza en pocas manos, en detrimento de las grandes mayorías. Más de 70 millones de pobres es resultado de aplicar las políticas neoliberales por más de treinta años en México, además de sus consiguientes efectos: falta de empleos, bajos salarios, recorte del presupuesto para educación, seguridad, vivienda, salud y otros servicios. Estos recortes obedecen a la necesidad de asignar más recursos para salvar a los banqueros y a las empresas que el gobierno entregó a los seudoempresarios. Con la aplicación de las políticas neoliberales, podemos conocer la naturaleza de los gobiernos del PRI y el PAN y de qué lado están, es obvio que no del lado del pueblo sino de los grandes usureros industriales, del Fondo Monetario Internacional y del Banco mundial, en fin, de los altos jerarcas del capital.

Es por eso que debemos organizarnos y dar la lucha en contra de las políticas privatizadoras; por construir una sociedad más justa en la cual exista una distribución más equitativa de la riqueza nacional entre los mexicanos; por recuperar las empresas estratégicas entregadas a la iniciativa privada; por recuperar la soberanía nacional y hacer efectivo el principio de la no intervención y autodeterminación de los pueblos.

Escrito el 12 de octubre de 2015

 

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